En unas declaraciones a la revista estadounidense "National Catholic
Register", el cardenal Martino ha afirmado que siempre había tenido
gran estima por Amnistía Internacional, por su defensa de los derechos
humanos. Pero "tras la reciente decisión de AI de apoyar el aborto en
el mundo, creo que AI ha traicionado su misión de promover y proteger
los derechos humanos. (...) Si AI ya no está dispuesta a defender el
más básico de los derechos humanos –el derecho a la vida–, toda la
labor de la organización queda en entredicho".
Algunas
reacciones presentan la decisión del Vaticano como la confirmación de
una postura crecientemente intransigente de la Iglesia católica, que no
es capaz ni de colaborar con una organización tan comprometida con los
derechos humanos como AI. Pero no es la Iglesia católica la que ha
cambiado. Ha sido AI la que ha abandonado su neutralidad en el tema del
aborto, para pedir su despenalización a los gobiernos.
Con este
cambio de postura, AI ha dejado de estar comprometida con el derecho a
la vida del no nacido. Y esto supone una quiebra de lo que pide la
Declaración de los Derechos del Niño, que en su preámbulo afirma que
"el niño... necesita protección y cuidados especiales, incluso la
debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento". En
cambio, ni la Declaración de Derechos Humanos ni ninguna otra
declaración internacional reconocen que el aborto sea un derecho.
En respuesta a las declaraciones de Martino, AI negó que defendiera un
derecho al aborto. Pero en su comunicado define la actual política de
AI como "apoyar la despenalización del aborto, para asegurar que las
mujeres tienen acceso a la atención sanitaria cuando surgen
complicaciones por un aborto, y defender que las mujeres tengan acceso
al aborto, dentro de unos razonables límites de gestación, cuando su
salud o sus derechos humanos están en peligro". Kate Gilmore, directora
adjunta de AI, justifica esta política como una necesaria solidaridad
con las víctimas de violencias sexuales, poniendo como ejemplo las
mujeres violadas en Darfur.
Pero, si algo necesitan las mujeres
de Darfur, no es que se les garantice el derecho al aborto, sino la
necesaria protección para no ser violadas. Por lo demás, la invocación
de la violación como caso extremo para justificar la legalización del
aborto ha sido el recurso tradicional del "lobby" pro-abortista.
Después, en la práctica, no son los casos de violencia sexual los que
alimentan las estadísticas del aborto. En España, por ejemplo, el haber
sido víctima de violación se invocan en el 0,02% de los casos de
aborto, frente al 96,7% que se justifica por riesgo para la salud
física o psíquica de la mujer.
Por eso, tampoco AI se limita a
defender el aborto en caso de violación, sino que pide que se garantice
cuando la salud o los derechos humanos de la mujer estén en peligro. En
la práctica, esto significa abrir la puerta a la mayor subjetividad
sobre el posible riesgo.
Con su nueva política, AI transmite el
mensaje de que la amnistía deja de aplicarse al no nacido. No es una
buena noticia para los derechos humanos en el mundo.
Fuente: ACE Prensa
Referencias: http://ncregister.com/site/article/2916, http://news.amnesty.org/index/ENGPOL300122007