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Este señor es un DBA Oracle que es catolico, por lo tanto cree
en el Credo de Nicea, cree en la sucesion apostolica y en el
papado de Pedro en Roma.
OCP8i, estudia para OCP10g.
MCT, Microsoft Certified Trainer
Ha realizado clases en New Horizons, IT Training y hace consultoria
en variadas empresas de Chile y el extranjero.
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This gentleman is a DBA Oracle that is a catholic member,
therefore believes in the Creed of Nicea, believes in the
apostholican succession and the Papaid one (and only) of Peter
in Rome. OCP8i, studies for OCP10g. MCT, Microsoft Certified Trainer has made classes in New Horizons, IT Training and does
consulting in varied companies of Chile and the foreigner.
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Providencia divina y el problema del mal en el mundo
LA PROVIDENCIA DIVINA Y EL PROBLEMA DEL MAL
El presente Dios no solamente crea todas las cosas sino que también las gobierna, guiándolas a su fin de modo infalible.
Esta verdad parece oponerse a otras dos verdades de experiencia: la existencia de la libertad creada y la existencia del mal en el mundo.
¿Cómo puede ser que Dios gobierne infaliblemente al mundo y al mismo tiempo los hombres seamos libres? Si desde toda la eternidad Dios había previsto que nosotros íbamos a estar reunidos acá en este momento, si Dios causó infaliblemente las cosas para que así sucediera, ¿Cómo puede ser que nosotros hayamos concurrido acá libremente y no obligados por los designios infalibles de Dios?
Un padre bueno, en la medida de sus posibilidades hace todo lo necesario para que sus hijos sean libres, buenos y santos; ¿Por qué Dios, siendo infinitamente bueno e infinitamente poderoso y gobernando infaliblemente la creación, permite que exista en sus hijos el mal y el pecado?
Nosotros nos sentimos por la caridad obligados a remediar las necesidades del prójimo; y Dios, pudiendo remediar todas las necesidades, si es bueno, ¿Por qué no lo hace?
El problema de la libertad creada y de la existencia del mal en un mundo guiado por la providencia amorosa y omnipotente de Dios es tratado por el papa en una serie de catequesis en el año 1986.
El papa, sin temor a planteamientos profundos, encara este problema con preguntas difíciles, convencido de que la fe verdadera no teme a la verdad y debe interrogarse acerca de ella.
De esta manera el papa nos invita a preguntarnos: ¿Cómo se conjuga la acción omnipotente de Dios con nuestra libertad , y nuestra libertad con sus proyectos inefables?¿Cómo interpretar y reconocer su infinita bondad y su sabiduría ante los males del mundo; ante el mal moral del pecado y el sufrimiento humano? ( Creo en Dios Padre p. 221).
1. Naturaleza de la providencia divina
El papa comienza analizando cuál es la naturaleza de la providencia divina. Así nos dice:
Dios al crear, llamó de la nada a la existencia todo lo que ha comenzado a ser fuera de Él. Pero el acto de crear no se agota aquí. Lo que surgió de la nada volvería a la nada, si fuera dejado a sí mimo y no fuera, en cambio, conservado por el creador en la existencia. En realidad, Dios, habiendo creado el cosmos una vez, continúa creándolo, manteniéndolo en la existencia. La conservación es una continua creación. ( Creo en Dios Padre p. 224).
Creación y conservación no son en Dios dos actos diversos, sino que son un único acto. De hecho siendo Dios absolutamente simple, su sustancia, su potencia y su acción se identifican y son una única realidad, concebida, según nuestro modo de entender, a veces como sustancia, a veces como potencia activa, a veces como acción, por la analogía imperfecta que estas realidades creadas guardan con su creador. Es así que nosotros podemos imaginar el acto divino que crea y el acto divino que conserva en el ser a todas las cosas; pero estos dos actos son en Dios un mismo acto que se identifican con su misma sustancia.
Todas las cosas que no son Dios son creadas por Él y esto abarca no solamente a las sustancias sino también a todas sus perfecciones, disposiciones y acciones. Los hombres, los animales, las plantas, todos los seres naturales, todos los seres artificiales y todas nuestras acciones, en lo que tienen de ser, son creadas por Dios. El mismo tiempo y el mismo espacio, siendo realidades distintas de Dios, son también creados (o más bien concreados) por Dios perteneciendo así al interno de la creación misma. No tiene sentido preguntarse entonces sobre cuando Dios crea las cosas como si el tiempo fuese una realidad ajena a la misma creación y como si hubiese un momento en donde Dios crea y un momento en donde Dios no crea. No hay antes de la creación, pues sin creación no hay tiempo, y en rigor no hay después de la creación. La creación como acción de Dios se identifica con su sustancia que está fuera del tiempo sin un antes y un después; y la creación en la criatura es la relación de dependencia causal que tiene con su creador, dependencia que permanece mientras permanezca la criatura.
La dependencia de la criatura con respecto al creador es total. Dios crea las cosas de la nada y podemos decir que también las conserva de la nada; ya que la conservación es creación. En todo momento dependemos absolutamente de Dios como dependemos de Él en el momento de la creación, pues en realidad ese momento continúa. Por eso dice el papa que en realidad, Dios, habiendo creado el cosmos una vez, continúa creándolo, manteniéndolo en la existencia. La conservación es una continua creación. Lo que surgió de la nada volvería a la nada, si fuera dejado a sí mimo y no fuera, en cambio, conservado por el creador en la existencia.
Podemos decir que la providencia se manifiesta ante todo en esta 'conservación'. La providencia significa la constante e ininterrumpida presencia de Dios como creador, en toda la creación: una presencia de Dios que continuamente crea y continuamente llega a las raíces más profundas de todo lo que existe, p ara actuar allí como causa primera del ser y del actuar. ( Creo en Dios Padre , p. 224 - 225). Notar como es creador del actuar, por lo que se plantea el problema de la libertad creada.
2. El problema de la libertad creada
Llegado a este punto se pregunta el papa aquellas preguntas con las cuales comenzamos nosotros la introducción de este trabajo:
¿Cómo se conjuga la acción omnipotente de Dios con nuestra libertad, y nuestra libertad con sus proyectos inefables? ¿Cuál será nuestro destino futuro? ¿Cómo interpretar y reconocer su infinita bondad y su sabiduría ante los males del mundo; ante el mal moral del pecado y el sufrimiento humano?
Y también agrega: ¿Qué significa y que misión tiene su libertad? (Creo en Dios Padre p. 234).
Aparentemente la criatura libre ofrece una dificultad a la omnipotencia providente de Dios que implica el gobierno del mundo; dificultad que no ofrecerían las criaturas irracionales.
Sin embargo el papa parece complicar el problema al englobar en el 'problema de la libertad' a la criatura irracional.
Así enseña su santidad: En el hombre - creado a imagen de Dios - toda la creación visible debe acercarse a Dios, encontrando el camino de plenitud definitiva. (Creo en Dios Padre p. 236 - 237).
Es decir que aún los seres irracionales no llegan a su fin sino es por el libre actuar del hombre.
Esta afirmación la argumenta el papa de la siguiente manera:
Dios es el fin de todas las cosas, pero el hombre, aunque tiene como fin a Dios, es, sin embargo, un ser que es fin en sí mismo: posee como persona una finalidad propia, por la cual tiende a auto-realizar se. Enriquecido por un don, que es también una misión, el hombre está sumido en el misterio de la providencia. (Creo en Dios Padre, p. 237).
Todas las criaturas tienen como fin a Dios, pero solamente las criaturas libres son aquellas que pueden llegar a un unión personal con Él, ya que una verdadera unión con Dios debe ser una unión amorosa, como de amigo a amigo, de la cual es sólo capaz la criatura libre. Siendo imposible a la criatura irracional llegar a una unión con Dios, su fin, que es Dios, lo alcanza solamente sirviendo como medio al hombre para la unión a la cual sólo el hombre está destinado. (Se trata sin más del principio y fundamento de San Ignacio). El hombre tiene entonces a su cargo el unirse él mismo a Dios, y el guiar a toda la creación hacia su fin. Por eso dijo el papa: En el hombre - creado a imagen de Dios - toda la creación visible debe acercarse a Dios, encontrando el camino de plenitud definitiva.
Tenemos entonces que la libertad es esencial a la providencia. Sólo la criatura libre es la que puede unirse a Dios, y la creación meramente corpórea alcanza el camino de la plenitud definitiva cuando el hombre usa libremente de ella para el fin para el cual ha sido creado. El hincapié lo ponemos en esto: la libertad creada es esencial al plan de la providencia divina; sin la existencia de la libertad creada ninguna criatura (ya sea las libres como las no libres) puede alcanzar su fin.
Así afirma Juan Pablo II: El respeto de la libertad creada es tan esencial que Dios permite en su Providenci a incluso el pecado del hombre. La criatura racional, excelsa entre todas, pero siempre limitada e imperfecta, puede hacer mal uso de su libertad, la puede emplear contra Dios, su Creador.
Según el plan de la providencia divina la creación corpórea puede retornar a Dios solamente mediante la acción libre del hombre. Pero el mismo papa introduce un nuevo problema: el problema del mal. Es verdad, la auténtica unión con Dios la alcanza solamente la criatura libre y la creación vuelve a su origen mediante el actuar libre del hombre; pero ¿Por qué permitir el pecado? ¿Por qué no crear un mundo en donde todos los hombres libres fuesen buenos y santos?
El papa, el la audiencia general del 21 de mayo de 1986 explicando el papel esencial de la libertad humana en el plan de la providencia, simplemente se limita a afirmar que es tan necesaria la libertad creada al plan de la providencia divina que Dios prefirió crear al hombre libre aún a costa del pecado del mismo.
En el mundo, en el cual el hombre ha sido creado como ser racional y libre, el pecado no solo era una posibilidad, se ha confirmado como un hecho real desde el comienzo. El pecado es oposición radical a Dios, es aquello que Dios de modo decidido y absoluto no quiere. No obstante, lo ha permitido creando los ser es libres, creando al hombre. Ha permitido el pecado que es consecuencia del mal uso de la libertad creada. De este hecho podemos deducir que, a los ojos de la sabiduría trascendente de Dios, en la perspectiva de la finalidad de toda la creación, es más importante que en el mundo creado hubiera libertad, aun con el riesgo de su mal empleo, que privar de ella al mundo para excluir la posibilidad del pecado. ( Creo en Dios Padre p. 239).
Y continúa el papa: Dios providente, si, por una parte, ha permitido el pecado, por otra, en cambio, con amorosa solicitud de Padre ha previsto desde siempre el camino de la reparación, de la redención, de la justificación y de la salvación mediante el Amor. Realmente la libertad se ordena al amor: sin libertad no puede haber amor. Y en la lucha entre el bien y el mal, entre el pecado y la redención, la última palabra la tendrá el amor.
Nos enseña entonces el papa que solo mediante el amor del hombre a Dios la creación toda cumple el fin para el cual ha sido creada. Es verdad; el hombre muchas veces peca; pero el amor tiene más fuerza que el pecado. Por el momento el papa simplemente lo menciona, lo explicara en la audiencia general que dará dos semanas más tarde, el 4 de junio.
Simplemente para concluir este punto leemos otro pequeño texto que nos ayuda a fijar y a comprender más profundamente lo expuesto: El verdadero desarrollo -esto es, el progreso- que el hombre está llamado a realizar en el mundo, no debe tener sólo carácter 'técnico', sino, sobre todo, 'ético', para llevar a plenitud en el mundo creado el reino de Dios. (Creo en Dios Padre p. 237).
Esto nos muestra que el modo principal con el cual el hombre contribuye al obrar creador de Dios no es tanto mediante el desarrollo técnico y el dominio podríamos decir 'físico' de la naturaleza, sino mediante un buen obrar moral con el cual, logrando la propia unión con Dios, ayuda a toda la creación en la tendencia a su creador. Es por eso que la providencia divina, lejos de oponerse a la libertad humana la debe abrazar de modo especial porque en ella se plasma el plan divino.
3. La providencia y el problema del mal
Más allá de explicar cómo se conjuga el actuar de la providencia y la libertad humana, explicación que nosotros basaríamos en la doctrina de la participación, distinguiendo los planos trascendental y predicamental; el papa nos mostró como al plan de la providencia divina, que llama a todas las cosas a unirse a Él, le es esencial la libertad humana.
Sin embargo podemos preguntarnos por qué no crear un mundo en donde todos los hombres sean buenos; ¿Por qué crear un mundo en donde el pecado no fue solamente una posibilidad sino también un hecho?
El mismo papa nos introduce en el tema: El mal constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina. En algunos casos esta dificultad asume una forma tan radical, cuando incluso se acusa a Dios del mal y del sufrimiento presentes en el mundo llegando hasta rechazar la verdad misma de Dios y de su existencia. La duda, la pregunta e incluso la protesta nacen de reconciliar entre sí la verdad de la providencia divina, de la paterna solicitud de Dios hacia el mun do creado, y la realidad del mal y del sufrimiento experimentado en formas diversas por los hombres. ( Creo en Dios Padre p. 246).
Algunas aclaraciones previas del papa:
1. Comienza el papa distinguiendo un mal moral de un mal físico. El mal moral se distingue del físico sobre todo por comportar culpabilidad, por depender de la libre voluntad del hombre y es siempre un mal de naturaleza espiritual.
El mal moral se distingue del mal físico porque este último no incluye necesariamente y de modo directo la voluntad del hombre, si bien esto no significa que no pueda estar causado por el hombre y ser efecto de su culpa. Existen por otra parte muchos males físicos que no dependen del hombre. Baste recordar, por ejemplo, los desastres o calamidades naturales, al igual que todas las formas de disminución física o de enfermedades somáticas o psíquicas, de las que el hombre no es culpable. ( Creo en Dios Padre , p. 246 - 247).
1. Dios no quiere el mal como tal. Dios permite el mal. ( Creo en Dios Padre , p. 249). 2. En cuanto a la permisión del mal en el orden físico, por ejemplo, de cara al hecho de que los seres materiales (entre ellos también el cuerpo humano) sean corruptibles y sufran la muerte, es necesario decir que ello pertenece a la estructura misma de estas criaturas. Por otra parte, sería difícilmente pensable, en el estado actual del mundo material, el ilimitado subsistir de todo ser corporal individual. Podemos, pues, comprender que, si «Dios no ha creado la muerte», según afirma el libro de la Sabiduría, sin embargo la permite con miras al bien global del cosmos natural. ( Creo en Dios Padre p. 249). 3. Pero si se trata del mal moral, esto es, del pecado y de la culpa en sus diversas formas y consecuencias, incluso en el orden físico, este mal decidida y absolutamente Dios no lo quiere. El mal moral es radicalmente contrario a la voluntad de Dios. Si este mal está presente en la historia del hombre y del mundo, y a veces de forma totalmente opresiva, si en cierto sentido tiene su propia historia, esto sólo esta permitido por la Divina Providencia, porque Dios quiere que en el mundo creado haya libertad. ( Creo en Dios Padre p. 249).
Observamos que si bien el papa afirma que todo mal no es como tal querido por Dios, sino sólo permitido, pone una gran diferencia entre el mal físico y el mal moral. De este último dice el papa que Dios decidida y absolutamente Dios no lo quiere. Además dice que el mal no es 'como tal' querido por Dios. Hay pues una clara diferencia de expresiones en referencia al mal físico y al mal moral. Se ve entonces que esta formulación del papa es equivalente a la de Santo Tomás en donde afirma que el mal físico es querido por Dios sólo por cierto bien que trae anejo, mientras que el mal moral no lo quiere para nada, sino que sólo lo permite.
Está bien aclarado cual es el porqué de la permisión del mal físico: hace a una perfección mayor del universo. Para que pueda existir este orden que observamos en la creación es necesario que unos seres mueran para que den lugar a otros. Esto implica una cierta naturaleza corruptible en los seres creados que los hace capaces de enfermedades y carencias. Esto vale también para el hombre. Si los hombres no muriesen no dejarían lugar a otros. La muerte física del hombre permite la existencia de muchos hombres para los cuales esta vida es sólo un tránsito.
Se ve así cómo el mal físico entra dentro de la providencia. Así como el ajedrecista sacrifica una pieza para lograr un triunfo más veloz y contundente, triunfo que no hubiese logrado tan veloz y contundentemente sin ese sacrificio, así también Dios permite el mal físico en el mundo para lograr un mundo más perfecto, que no sería tan perfecto sin aquel mal. Esto es así porque las perfecciones creadas muchas veces se oponen entre sí y la existencia de una implica la carencia de otra. Es así que para lograr la existencia de una se hace necesario permitir la carencia de otra contraria que puede ser menor. Es lo que ocurre cuando Dios permite la existencia del mal físico.
Ahora bien: ¿Cuál es el sentido del mal moral?
Dice el papa que la luz definitiva - a este problema - sólo nos puede venir de la cruz victoriosa de Cristo. (Creo en Dios Padre, p. 250). A la pregunta sobre cómo conciliar el mal y sufrimiento en el mundo con la verdad de la Providencia Divina, no se puede ofrecer una respuesta definitiva sin hacer referencia a Cristo. (Creo en Dios Padre, p. 251).
El mismo Cristo nos da con su vida la respuesta al sentido del mal. Cristo confirma con su propia vida -en la pobreza, la humillación y la fatiga- y especialmente con su pasión y muerte, que Dios está al lado del hombre en su sufrimiento. Jesús revela al mismo tiempo que este sufrimiento tiene un valor salvífico. (Creo en Dios Padre, p. 251).
El mal y el sufrimiento, soportados, aceptados y ofrecido por amor tiene un valor salvífico.
El hombre es el único ser de la creación corpórea que aún teniendo como fin a Dios tiene un fin en sí mismo. Él está llamado a unirse a Dios mediante el amor, y el acto de amor más perfecto se da con el sufrimiento ofrecido según aquello de que nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. ( Jn 15, 13).
En el plan eterno de Dios y en su acción providencial en la historia del hombre, todo mal, de forma especial el mal moral -el pecado- es sometido al bien de la redención y de la salvación precisamente mediante la cruz y la resurrección de Cristo. Se puede afirmar que, en Él, Dios saca bien del mal. Lo saca, en cierto sentido d el mismo pecado, que fue la causa del sufrimiento del Cordero inmaculado y de su terrible muerte en la Cruz como víctima inocente por los pecados del mundo. La liturgia de la Iglesia no duda siquiera en hablar, en este sentido, de la 'felix culpa'. (Creo en Dios Padre, p. 251).
Es así que el mal sirve para el bien de los que aman a Dios. Santo Tomás pone el ejemplo del mártir. El acto de caridad del mártir no existiría sin la ofensa del perseguidor. Dios permite el mal moral que el perseguidor causa para dar la posibilidad a la existencia del acto sublime de caridad del mártir, acto que no podría existir sin el pecado.
Por otra parte, el acto de caridad que implica el sufrimiento ofrecido no sirve solamente al bien o la santidad del que lo hace, sino que, como hemos visto, guía a toda la creación al fin que la Divina Providencia le ha puesto. Esto incluye el guiar también a los otros hombres. Con la caridad del sufrimiento ofrecido el santo no solamente dirige a Dios la creación meramente corpórea sino que principalmente dirige a Dios a aquellos que son guiados por su ejemplo. El testimonio de los mártires atrae, es aceptado, escuchado y seguido hasta en nuestros días. Ésta es la razón por la cual nos fiamos de su palabra: se percibe en ellos la evidencia de un amor que no tiene necesidad de largas argumentaciones para convencer, desde el momento en que habla a cada uno de lo que él ya percibe en su interior como verdadero y buscado desde tanto tiempo. En definitiva, el mártir suscita en nosotros una gran confianza, porque dice lo que nosotros ya sentimos y hace evidente lo que también quisiéramos tener la fuerza de expresar . (F et R, nº 32).
El mal del pecado Dios lo usa para el bien de los que lo aman. Este pecado incluye los pecados que cometieron alguna vez aquellos mismos que ahora lo aman, según aquello que ama más aquel al que más se le ha perdonado.
Resumiendo: El hombre llamado a unirse personalmente con Dios, y mediante esta unión guiar a toda la creación al fin previsto por la providencia, no se une más perfectamente a Dios sino en el sufrimiento ofrecido. Es así, como maravillosamente Dios hace entrar el mal, el sufrimiento, el dolor y la libertad del hombre que por amor los asume en el plan de su providencia. Así dice el Eclesiastico:
Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. - Vemos como la unión con Dios exige el amor que se mantiene firme en la adversidad - Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y en los reveses de tu humillación sé paciente. Porque en el fuego se purifica el oro, y los aceptos a Dios en el honor de la humillación.
Se confirma entonces - dice el papa - las palabras del salmista: 'El Señor es mi pastor nada me falta. aunque camine por oscuras quebradas nada temo porque tu vas con migo. Cristo nos acompaña en el sufrir, no solamente en el sentido de que Dios no permite que las oscuras quebradas nos hagan daño, sino que más aun, hace de ellas surgir el bien para nuestra salvación.
R. P. Lic. Pablo Rossi, I.V.E.
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