NEW AGE: EL NUEVO
PAGANISMO
|
“Tú eres un dios, tienes el poder de hacer todo lo que
quieras”. Este es el consejo que escuchan cientos de japoneses que, ávidos
por encontrar un sentido espiritual en sus vidas, pagan 65 dólares a cambio
de una sesión con Richard Lavin, un practicante New Age jamaicano. En los
Estados Unidos, Elizabeth Nickerson, se autodenomina “consejera universal” y
asegura que puede comunicarse con Jesucristo y con un tal Ashtar que habla
desde una nave espacial. Casos como éstos abundan en nuestros días.
|
Muchos al oír las palabras
New Age (Nueva Era) las sienten extrañas y muy alejadas de su realidad. Pero a
poco de internarse en esta sensibilidad, es fácil reconocer tendencias o
prácticas que abundan en el vocabulario y en la vida de quienes nos rodean. No
es raro encontrar a un vendedor de libros esotéricos en una micro santiaguina o
constatar en medios especializados de decoración que está de moda disponer los
muebles de la casa intentando concentrar la mayor cantidad de energía positiva.
Narciso glorificado
El New Age es la
sensibilidad pseudorreligiosa con mayor auge en el mundo occidental. No es una
organización unitaria, ni profesa un solo credo. Consiste en un conjunto
desordenado de submovimientos, grupos e individuos con algunas ideas, prácticas
e intereses comunes, que abarcan desde una ecología panteísta -que implica
"todo es Dios"- hasta prácticas de brujería y satanismo. Ha dado
origen además, a una estética que recoge desde música gregoriana hasta
literatura especializada en extraterrestres. Debido a la variedad de formas por
las cuales se expresa y a su falta de estructura y líderes, resulta difícil
acotar con exactitud lo que este movimiento representa.
Sin embargo, esta
dificultad descriptiva no implica que el New Age tenga pocas posibilidades de
resultar convincente, muy por el contrario. No es difícil leer en revistas o
escuchar en conversaciones casuales algunas palabras claves: brujas, magos,
lectura de sueños, reencarnación, runas, tarot, espiritismo, madre tierra,
horóscopos, jing y jang, Valle del Elqui, aura, meditación trascendental,
energías, quarzo, ángeles esotéricos, hadas y duendes, ovnis y comida
‘orgánica’... La lista es interminable y los términos tienen como factor común
el aludir, invariablemente, a procesos vinculados con un "desarrollo
personal" centrado en el ego de cada cual.
Ello no es casual, como
explica el profesor Luis Vargas Saavedra, pues el New Age es una "secta
mutante que tiene como esencia la divinización del yo, sin necesidad de
caridad, ni de Iglesia, de cruz, ni de pecado. Cada uno se diviniza a sí mismo
y se transforma en un ‘ser superior’. Y para lograrlo existen una serie de
técnicas esotéricas".
El nuevo hombre de la
Nueva Era
En 1980, en los Estados
Unidos, Marilyn Ferguson publicó el libro "Los hijos de Acuario". En
éste explica que, según lo anunciado por los astrólogos del siglo pasado, desde
los albores del siglo XXI se iniciaría la era de Acuario, la "época de la
liberación del espíritu". Producto de los acontecimientos científicos y
místicos, se gestaría un "nuevo hombre", dotado más intuitiva que
racionalmente y dispuesto hacia lo "sagrado", lo oculto, lo esotérico
y lo orientalista.
Según explica Luis Vargas
Saavedra, esta época supondría el advenimiento de un ser humano nuevo y mejor,
"una especie de súper Adán". Y como metodología para alcanzar este
estado, los newagers divulgan la necesidad de desarrollar el hemisferio
derecho, el de la intuición e imaginación, pero no explican cómo ni cuándo
desarrollarlo. "Aquí se devela la propaganda barata del New Age, porque
desarrollar un hemisferio cerebral no es lo mismo que desarrollar la musculatura",
comenta el profesor. Según este movimiento, la "energía" que nos
permite alcanzar la "trascendencia" propia del nuevo hombre
acuariano, se almacena en el hemisferio derecho del cerebro. Entonces, para
"poder ser dios" deben suprimirse las limitaciones impuestas por el
hemisferio izquierdo, el que razona. Éstas son las responsables del
racionalismo y del intento humano de someter a la naturaleza por medio de la
tecnología.
La actriz Shirley Mac
Laine es una de las principales exponentes del New Age, además de recaudar
millones por sus numerosos bestsellers sobre el tema. En uno de sus libros
escribe: "Mi Yo superior, no solamente estaba creando acontecimientos en
esta vida actual, sino que algunas veces yo presentía que también estaba
creando experiencias en otros tiempos y lugares... Entonces, yo creaba todo lo
que conocía... Yo era mi propio universo. ¿Significaba eso también que yo había
creado a Dios, y la vida y la muerte?".
Los seguidores de este
narcisismo disfrazado de sacralidad han creado una amplia variedad de
sociedades y organismos: desde negocios de comida dietética y grupos de
meditación, hasta partidos políticos y asociaciones sin fines de lucro. Los
discursos del New Age irrumpen en todos lados -como seminarios de preparación
empresarial o centros de creación artística- y son asimiladas por la cultura
occidental sin mayores roces. Porque la divinización del yo coincide con una
sociedad individualista como la actual.
Es difícil medir el
arraigo que tiene esta pseudorreligión porque no existen concentraciones
visibles. Según Luis Vargas Saavedra, el hecho de que se publiquen tantos
libros relacionados con el New Age, es un índice de que muchos están
interesados en el tema. El sociólogo y profesor Augusto Merino Medina es
categórico: "En Chile el New Age surge vinculado a terapias alternativas,
centros de estética corporal, ejercicios orientales, comida natural u
‘orgánica’. Hoy se venden muchas revistas de misterio, ocultistas y la sección
dedicada a esoterismo en las librerías ha crecido de manera exponencial".
Alquimia religiosa y
terapéutica
Para muchos el New Age no
es más que el nombre post-moderno de lo esotérico, fenómeno que siempre ha
estado presente en la historia de la humanidad, situándose a sí mismo en los
límites de la ciencia y la religión, la estética y el ritual. "Por eso, no
tiene nada de extraño que lo esotérico dominante según cada época tenga un aire
más religioso o más científico, o aparezca como simple creatividad
artística", escribe Rafael Gómez Pérez, profesor de antropología, en su
libro "La Invasión del ocultismo" (Ed. del Drac. Barcelona). Explica
que muchas de las personas que cultivan la sensibilidad del New Age se
aproximaron primero a lo esotérico para encontrar respuesta a preguntas tan
cruciales como qué pasará en el futuro, qué pasa después de la muerte, qué era
yo antes de nacer y otras no tan cruciales como "¿me ama?".
Estas personas se
transforman en consumidores de horóscopos y amuletos; invocan indistintamente a
ángeles, brujas, chamanes; mezclan teosofía, taoísmo, hinduismo, budismo y
cristianismo. Todo lo vinculado a las "energías" de la naturaleza
terrestre o cósmica, tienen cabida en esta receta. Es frecuente, agrega Rafael
Gómez Pérez, que un vacío espiritual las lleve a sentir "un deseo de otro
mundo". Es aquí, donde agrupaciones New Age se ofrezcan como "camino
de búsqueda y encuentro de la verdadera salvación personal. No tanto una
salvación en el seno del mundo de Dios, de la realidad sobrenatural, sino una
salvación de los propios temores, fracasos y depresiones".
Más que exponer técnicas
propias, el New Age ha asumido prácticas como el yoga, la meditación
trascendental, el tarot, el espiritismo y la magia negra. También la relajación
mediante música, la hipnosis, las drogas, ayunos o usos vegetarianos, las artes
marciales y seminarios destinados a ridiculizar antiguos valores e inculcar el
estilo mental de la Era de Acuario. Además, la creencia en la reencarnación es
casi universal entre los newagers.
Augusto Merino explica que
el New Age suena convincente pues presenta elementos cristianos, precristianos,
druidas, celtas y sobre todo orientales. "En Estados Unidos se le ha
llamado un ‘revival’, porque supone un despertar de corrientes que han estado
presentes en el occidente cristiano".
"Nosotros somos dios"
La grave falencia de este
sincretismo religioso es, precisamente, que toma lo que conviene de cada
tradición religiosa o cultural y descarta todo lo relacionado a obligaciones
para con la fe y para con los demás. "Las verdades parciales son más eficaces
que la verdad total, ese es el gancho de los newagers. Crean una ‘verdad’
formada por variados componentes sagrados, lo que es muy cómodo porque no
implica normas ni obligaciones", explica Luis Vargas Saavedra. Este
facilismo implica una moral laxa, casi inexistente. El newager no distingue
entre el bien y el mal, pues sus impulsos (a los que él atribuye su
"divinidad" particular) no pueden estar errados. "No se asumen
responsabilidades por haber hecho algo malo, el concepto de pecado se descarta.
La moral no existe, la conducta correcta del newager es la propia, no tiene que
obedecer a nada".
Augusto Merino explica que
este movimiento no tiene ningún punto de contacto con el Cristianismo, "su
visión del hombre, de la realidad, de Dios, es totalmente anticristiana".
Según Aidan Nichols, profesor de teología en el Angelicum, Roma, el New Age ha
propagado la idea de que la religión no consiste ni en la adoración de un
Creador, ni en la redención del hombre por un Salvador, ni en la santificación
del Espíritu Santo. Estas creencias suponen al hombre como una criatura caída,
lo que consideran una afrenta al humanismo cósmico que ellos profesan y que
diviniza a cada ser humano.
Los newagers llegan
incluso a ignorar la imagen del Jesucristo histórico o de aquél de la ortodoxia
cristiana, en favor de un fantástico Jesús esotérico que habría viajado por la
India, el Tibet y Persia durante los años de su vida que el Evangelio omite. En
Oriente, entonces, habría aprendido misterios que hoy lo centran como un gurú o
maestro superior de la mescolanza New Age.
El New Age no admite una
distinción última entre Dios y el mundo. El cosmos sería una energía universal,
impersonal, que se manifiesta en la naturaleza y en las conciencias
individuales. El término dios o diosa sería el modo básico de referirse a ese
campo de energía. Los seres humanos serían una extensión de la esencia divina
del mundo y por ello poseerían un "potencial infinito". Además, ven
el mundo olísticamente, como un todo, y no dualísticamente. No existen distinciones
entre conceptos como dios y mundo, alma y cuerpo, el ser propio y el de los
demás y hombre y naturaleza. "Todo es uno, todos somos uno; todo es dios,
y nosotros somos dios", es la enigmática consigna que los une.
En opinión de Luis Vargas,
"en el New Age está involucrado un socavamiento de la fe, una manera de
atraer a la gente hacia algo que, en mi opinión, es sutil y profundamente
anticristiano".
Qué actitud adoptar
ante el New Age
"El peligro del New
Age es que parece inofensivo, pero en el fondo va succionando a la gente y
cambiando su modo de pensar", explica Luis Vargas Saavedra. "Si uno
tiene fe, el New Age es simplemente un desvarío ajeno, pero frente al cual hay
que estar en guardia, pues hay que darse cuenta de que existe".
Los anzuelos del New Age
conducen a una fuerte exhortación del individualismo y eso resulta dañino para
la familia. De ahí que se den tantos casos actualmente de personas que, tras
asistir a determinados cursos o talleres de crecimiento personal, terminen por
abandonar a cónyuges e hijos, o considerar que la monogamia es dañina para la
salud. "Yo creo que hay que preocuparse si uno ve que disminuye la caridad
de una persona. También si hubiera prosélitos, ambiente de pandillas en torno a
actividades esotéricas y secretas", opina Luis Vargas Saavedra, recordando
que los jóvenes son muy proclives a adherir a lo que se les presenta como
novedoso.
Augusto Merino también
previene contra sectas al parecer inofensivas -que ya proliferan en otros
países- que atraen a niños y jóvenes en torno a un discurso supuestamente
cristiano. Hay que tener mucho ojo y olfato con estos movimientos de
procedencias nada claras.
Por otra parte, muchas
personas acuden con liviandad a adivinas, talleres orientales u otras
"hierbas" tomándolas como una entretención. Lo preocupante es cuando
los mensajes de la carta astral o de una mentalista se vuelven relevantes en la
vida de una persona. Rafael Gómez Pérez escribe: "El esoterismo tomado en
serio es una limitación que dificulta, precisamente, cultivar hasta el fondo
dimensiones fundamentales del hombre. la inteligencia, la capacidad estética y
el sentido religioso de la adoración".
¿Qué hay de bueno,
viejo?
Algunas vetas positivas
tiene el New Age, en especial ligadas a la crítica de la cultura materialista
de occidente. Son pacifistas, son ecologistas (aunque a veces exageren la nota,
y consideren más importante la vida de la ballena blanca que la de un ser
humano), rescatan la creación e intuición como modo de acercamiento al mundo
frente a la racionalidad imperante en occidente. Todo esto revela un modo muy
romántico e idealista de ver la realidad, que tiene una presentación sumamente
atractiva y por la que es muy fácil sentirse interesado.
Augusto Merino Medina
rescata, por ejemplo, el libro "En ausencia de lo sagrado", de Jerry
Mander, con prólogo de Thomas Tompkins. "Este libro es una crítica
estupenda de los males de nuestra época, de la cultura contemporánea
materialista, hedonista y antiecológica. Se aboga por el respeto a la naturaleza,
aunque se pasa al extremo de querer servirla y no entender que está para
servirnos".
Además, se manifiesta
optimista con respecto al New Age porque considera que "pone en el hombre
otra vez la necesidad de Dios, mal expresada, pero es un comienzo que puede cambiarse.
No así, por ejemplo, un positivista del siglo XIX, que es totalmente
refractario a toda conversión". Así como el Cristianismo de los primeros
tiempos fue predicado a paganos que adoraban dioses e ídolos falsos, explica,
podría realizarse una segunda evangelización a estos paganos newagers que
adoran otros ídolos.
OJO
¿Supercherías,
negociados?
Ciertamente, el New Age ha
nacido para saciar una sed por lo sagrado, para paliar una profunda necesidad
espiritual que abunda en Occidente. Pero muchos se han aprovechado de estas
circunstancias para llenarse los bolsillos de millones. De más está dudar de
supuestos terapeutas o chamanes altruistas, que cobran sin ninguna vergüenza
cifras muy abultadas por algunos minutos de "sanación" o comunicación
de "mensajes ocultos" en una taza de té, un árbol o la baraja
española. Augusto Merino cuenta que en Estados Unidos, "con el criterio
comercial que los caracteriza, han montado verdaderas industrias en torno a la
producción y venta de artículos New Age; como incienso, pirámides de cristal,
alimentos naturales, música, etc.". Esta industria, dotada de una estética
y publicidad muy seductora, contribuyen a alentar y expandir el movimiento por
el mundo. En Chile existen ferias artesanales en las cuales se venden símbolos
propios de esta tendencia -como velas con forma de pirámide, por ejemplo- y que
decoran las habitaciones de muchos adolescentes.