Misticismo en términos generales
En
términos generales y de acuerdo con la doctrina de los Padres y Doctores de la Iglesia, el proceso de
crecimiento espiritual en santidad
y unión con Dios en oración, se desarrollan en conjunto. Comenzando
por la prácticas más simples y humanas, la persona es trasformada, supernaturalizada,
en su vida exterior ante el hombre y en su vida interior ante Dios. Este
progreso se puede resumir como vaciarse del yo y llenarse de Dios, o dejar
atrás el hombre viejo (Adán) y tomar el hombre nuevo (Cristo) o simplemente
asemejarse a Cristo. Ello implica esfuerzo por parte del cristiano, pero
mayormente la iniciativa y la gracia de Dios para elevar
a la persona a lo alto de la santidad a la que todos estamos llamados,
mas
no todos logramos alcanzar. Padre Pío es uno de los que siguió este llamado.
Crecimiento Espiritual. El
Concilio Vaticano II, en su Constitución Dogma de la Iglesia Lumen
Gentium (capitulo V), afirmó lo que
la Iglesia
siempre ha enseñado, que todo cristiano esta llamado a la santidad. Jesús dijo
" Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5:48),
sin embargo, nosotros sabemos como lograrlo. Padre Pío, siguiendo el ejemplo de
santos, subió esta escalera mística que nos lleva a Dios.
La
enseñanza común de la Iglesia
divide el camino a la santidad en tres partes. Estas son etapas generales,
hechas para la purificación de la naturaleza humana que se aplican a todos en
cierta forma mas no necesariamente de la misma manera. Dios, en Su Sabiduría
aplica este patrono general según las necesidades de cada cual, dependiendo de
su tipo de vida (activa vs. contemplativa) y de acuerdo con las debilidades
o fortalezas de la persona. Sin embargo, estas divisiones son útiles porque
explican el crecimiento en santidad y oración.
I. El Camino de los Principiantes. La persona
que se vuelve hacia Dios en fe, y ha sido bautizada, entra en el camino de
principiantes (Jn. 3:5). Han sido justificados
por medio de las aguas bautismales, han recibido la gracia santificante, las
virtudes teológicas de fe, esperanza y caridad (1 Cor 13), las virtudes morales
o sobrenaturales infundidas (Sab 8:7), y los dones del Espíritu Santo (Is 11:
2-3). Sin embargo, estas personas son aun bebés en
su caminar. Dios les da leche mas no comidas sólidas(1 Cor 3:2), ya que no
pueden tolerar nada mas fuerte. Están llamados a entregarse más y más a la
sabiduría que vive en ellos para que puedan ser santificados completamente (Rom
6:19), recibiendo gracia tras gracia (Jn 1:16).
Pero para
recibir, esta alma debe vaciarse de las ataduras del pecado, del apego a las
criaturas y del apego a sí mismo. Por esta razón el camino de los principiantes
es también llamado el camino Purgativo.
El principiante en la vida espiritual debe dedicarse a dejar los pecados
mortales, los lapsos morales que no solo pueden terminar su progreso en la vida
espiritual sino hasta lanzarlo al infierno, si muriera en esa condición. Una
vida
en pecado mortal es incompatible con la gracia de Dios (1 Cor 6:9-11).
El principiante debe sacar de raíz dicho pecado de su vida ya que Dios
no lo forzará a ser santo cuando el pecador mismo es el que pone obstáculos
a la acción de la gracia. Esto solo puede ser alcanzado por un esfuerzo
personal persistente para evitar el pecado y arrepentirse inmediatamente
de él cuando es cometido. Cristo nos ha dado los medios sacramentales
necesarios llenos de gracia (la Reconciliación y la Eucaristía) para
obtener la victoria y si se utilizan con frequencia y de una manera correcta,
esta victoria podra ser obtenida. Por tanto, es de verse que dicha victoria es
poco probable obtenerla en esta temprana etapa de la vida espiritual.
El
esfuerzo de corregirse a sí mismo debe ir acompañado por el esfuerzo
de acercarse más a Dios. (Santiago 4:8). Esto es alcanzado por medio
de la oración. Conocer más a Dios nos lleva a amarlo más, este gran amor
a Dios nos lleva a quererlo conocer cada vez más. Por esta buena razón,
las Escrituras nos revelan que la intimidad con Dios es como la intimidad
y el conocimiento en el matrimonio (Gen 4:1, Oseas 2:19-20, Cantar de los
Cantares, Ef 5: 23-32, Apoc. 19:9) en el que amar y conocer se hacen uno.
A Dios se le conoce solo por fe, de tal manera que la persona que desee crecer
en caridad, (amor por Dios y por los demás ya que amamos a Dios) debe crecer en
la virtud de la fe. Esto se logra ejercitando la fe que ya tenemos, es decir,
por medio de la cooperación con la gracia de fe que ya tenemos, dejamos que
esta misma crezca, un crecimiento que solo Dios nos puede dar. Esto se logra
por medio de oración y meditación de las verdades que ya sabemos, por medio de
la fe. El llamado de las escrituras para lograr esto está en el gran libro de
oración de la Biblia:
los Salmos; el Salmo 1.
1
Dichoso
el hombre que no sigue
el consejo de los impíos,
ni en la senda de los pecadores se detiene,
ni en el banco de los burlones se sienta,
2 mas se complace en la ley de Yahveh,
su ley susurra día y noche!
3 Es como un árbol plantado
junto a corrientes de agua,
que dá a su tiempo el fruto,
y jamás se amustia su follaje;
todo lo que hace sale bien.
Salmo 19
8 La ley de Yahveh es perfecta,
consolación del alma,
el dictamen de Yahveh, veraz,
sabiduría del sencillo.
9 Los preceptos de Yahveh son rectos
gozo del corazón;
claro el mandamiento de Yahveh,
luz de los ojos.
10 El temor de Yahveh es puro,
por siempre estable;
verdad los juicios de Yahveh,
justos todos ellos,
11 apetecibles más que el oro,
más que el oro más fino;
sus palabras más dulces que la miel,
mas que el jugo de panales.
12 Por eso tu servidor se empapa en ellos,
gran ganacia es guardarlos,
13 Pero
¿quién se dá cuenta de sus yerros?
De las faltas ocultas límpiame.
14 Guarda también a tu siervo del orgullo,
no tenga dominio sobre mí.
Entonces seré irreprochable,
de delito grave exento.
15 ¡Sean gratas las palabras de mi boca,
y el susurro de mi corazón,
sin tregua ante ti, Yahveh,
roca mía, mi redentor.
La
prosperidad del hombre justo no es la prosperidad material sino la
prosperidad
en gracia, en el conocer y amar al Señor. Esto llega al hombre cuando éste
sigue los caminos del Señor (extrayendo, de raíz,
el pecado de su vida) y meditando en la
Ley del Señor noche y día. Por Ley se referían en los Salmos
a la Torah, los
libros de Moisés, lo que había sido revelado por Dios hasta entonces. Para la Revelación Divina
Católica, esta ley consiste en las Sagradas Escrituras y la tradición, aunque
todo lo que concierne a la fe enseñado por la Iglesia es digno de
meditación.
Por
lo tanto, la persona que medita considera lo que Dios le ha revelado para
cambiar su vida. Esto significa que meditar es más que un simple estudio. Es la
conversación en oración con Dios sobre Su Verdad y su significado y la
aplicación de dicha Verdad en la vida de la persona. ¿Cómo me enseña a amar a
Dios?, ¿Cómo me enseña a amar a mi prójimo?, ¿Qué cambios son requeridos en mi
vida?. La meditación nos lleva a un mayor conocimiento de la verdad revelada y
a un mayor conocimiento de Dios,
así como un esfuerzo práctico de amar y servir a Dios y al prójimo.
Mientras
una persona practica fielmente la meditación, así sea utilizando las
Escrituras, el Catecismo, el rosario o alguna otra fuente de verdad divina, es
normal que por medio de la mente humana simplifiquemos el concepto de las cosas
– sacando de la complejidad de muchas ideas una simple noción de la verdad. Al
igual que al conocer bien a una persona, el conocimiento de Dios y Su verdad
revelada se convierten en conocimiento intuitivo más que de la simple razón. En
el corazón humano el amor a Dios también se convierte en un amor simple y
directo, sin complicarse con motivos poco importantes. Este tipo de oración ha
sido llamada contemplación adquirida (en cuanto al intelecto) o la oración de
la sencilla unión (en cuanto a la voluntad). Adquirida significa que está al
alcance del esfuerzo humano y no es en sí sobrenatural. Si meditación es como
mirar un bello atardecer y pensar en los bellos colores rojos, verdes,
púrpuras, las nubes, la tierra, analizándolo y apreciándolo desde varios
ángulos y distintas perspectivas; la contemplación abarca todo como si fuera una sola cosa,
experimentando el asombro y la grandeza inexpresable de ello. En cuanto a la
voluntad, la persona se encuentra amando a Dios con facilidad, sin tener que
hacer el mayor esfuerzo para entrar en este fervor. Esta simplicidad gemela de
lo intelectual y de la voluntad es el requisito inmediato para la oración
sobrenatural, a lo que se le llama contemplación infundida u oración mística,
que solo Dios puede dar.
II. El Camino de los Expertos o el Camino
de Iluminación. Al final
del camino purgativo la persona ha hecho todo lo posible, humanamente hablando,
asistido por la gracia de Dios, para amar a Dios venciendo al pecado y para
conocer a Dios entendiendo Su Verdad revelada. Lo que se requiere para la
continuación del crecimiento espiritual es la intervención de Dios en el alma
para sacar de raíz los rastros del pecado y para iluminar el alma sobre la
verdad, mas allá de lo que puede lograr la meditación.
En el momento en el que Dios escoge, El comienza a infundir la gracia
sobrenatural de la contemplación en el alma de la persona mientras esta
ora. De acuerdo a las experiencias de San Juan de la Cruz esta nueva luz no es
comprendida al principio. Aquel que antes podía meditar, para obtener grandes frutos
del tiempo asignado a la oración, ahora se encuentra con la oscuridad, con la
sequedad, con la confusión, sin poder recibir ninguna consolación por medio de
la oración. San Juan de la Cruz
nos dice que esto sucede porque la mente no está equipada para recibir esta
luz. Como el ojo humano mirando al sol, al cual no esta normalmente adaptado a
verlo, en vez de ver mejor, esa persona no puede ver nada. A esto Dios le añade
dificultades externas y sufrimientos, que lo fuerzan a confiar más en el El. Entonces,
sin luz, esta persona debe tener fe, sin apoyo, debe tener esperanza y sin
consuelo, debe amar. Esta Noche Oscura de los sentidos, como la llama San Juan
de la Cruz,
purifica el alma y la lleva por el camino de la santidad y oración mística.
Una
vez que la Noche Oscura
de los sentidos cesa, la persona comienza a apreciar y a entender las gracias
de la contemplación que esta recibiendo, ya que la Noche Oscura de los
sentidos lo ha purificado y preparado para esta forma de oración sobrenatural.
Es durante esta iluminación que Dios
le permite a la persona profundizar en la Verdad que ha recibido como un regalo y no como
fruto de los estudios teológicos o de la meditación. Revelaciones privadas,
locuciones, entre otras comienzan a ocurrir. Sin embargo estas no son
necesarias para el camino de la iluminación, que consiste esencialmente en el
entendimiento mas profundo de los misterios
de la fe, dados como gracia de luz intelectual de Dios. El alma es también
impregnada de un gran celo de Dios, deseosa de propagar el amor de Dios por
medio del apostolado u otros medios.
A
pesar de este gran avance espiritual, San Juan de la Cruz advierte sobre el
peligro de la complacencia o especialmente la soberbia. La Noche Oscura de los
sentidos ha sacado de raíz los rastros del pecado, pero el pecado puede
seguirse manifestando en forma espiritual, ya que por cada pecado capital hay
una forma espiritual. Por ejemplo, aquel que a lo mejor no vuelve a caer en la
avaricia material puede caer en la codicia espiritual. Este pecado capital
puede tomar la forma de curiosidad excesiva por el conocimiento, por nuevas
iluminaciones, no poniendo en práctica lo que han aprendido, pero
convirtiéndose en una especie de orgullo espiritual. Como
el diablo se puede aparecer en forma de ángel de luz, San Juan de la Cruz previene fuertemente a
las almas de buscar gracias extraordinarias de ningún tipo. Del mismo modo,
dado a los peligros de orgullo y autoengaño,
la necesidad de dirección espiritual para alguien que ha comenzado a recibir gracias
místicas es esencial.
III. El Camino de la Perfección o el Camino
de la Unión. Para ser purificado de los últimos residuos del pecado,
ya que sus raíces están plantadas en lo más profundo del alma, la persona a
quien Dios llama al camino de la perfección, debe pasar por otra Noche Oscura,
esta vez del espíritu. San Juan de la
Cruz nos dice que esta Noche Oscura del espíritu es mucho más
intensa que aquella de los sentidos, ya que la necesidad de purificar los
sentidos es mucho menor a la necesidad de purificar el espíritu. Esto se puede
comparar con la purificación del purgatorio, pero acompañado de las confusiones
materiales como las enfermedades, la persecución, el abandono, que Dios le
envía al alma en esta etapa. Al igual que la otra Noche Oscura, el alma depende
únicamente de Dios, de la fe pura, la esperanza y el amor. Luego de salir de
esta prueba, el alma, por medio del abandono y la fidelidad total a la gracia
de Dios, se encuentra
en una unión irreversible con Él. Dios le da lo que se llama el matrimonio
místico (anticipando el Matrimonio del Cordero con su Iglesia al final de
los tiempos) o la
Unión Conforme. La voluntad humana, llena de la grandiosa
experiencia de la bondad de Dios, no es capaz de alejarse de Él. Es capturada
por la belleza de su Esposo. Cualquier imperfección en su vida moral es sólo
causada por la fragilidad indeliberada de la naturaleza humana, en vez de por
pecados veniales derivados de la voluntad. El pecado mortal es imposible de
cometer, ya que la experiencia de Dios llena a la persona de gracias. Como dice
San Juan de la Cruz,
sólo el velo de la carne separa el alma de la Visión Beatificante.
A la hora de la muerte, la entrada directa a la Presencia de Dios es
segura, ya que el alma ha pasado por el purgatorio aquí en la Tierra.