UN TÍMIDO COMITÉ
ASESOR DE ÉTICA
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Los científicos que aconsejan al Gobierno acaban de dar un
paso importante, aunque limitado, para que se levante la restricción de la
investigación con embriones congelados con fines terapéuticos.
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DR. JOSEP
EGOZCUE
Catedrático
de Biología Celular (UAB)
La controversia
sobre el uso de embriones criopreservados para la investigación ha sido
enconada, y su duración excesiva. Hace tres años, el Observatorio de Bioética y
Dret (OBD) publicó un documento recomendando que los embriones congelados no
utilizados para la reproducción pudieran emplearse en investigación. Al mismo
tiempo, la Comisión
Nacional de Reproducción Asistida elaboraba un documento casi
idéntico, que no se hizo público.
A fines del 2001, los medios difundieron la probable apertura de un expediente
a Bernat Soria por trabajar con líneas de células embrionarias importadas, al
tiempo que el ministerio prohibía este tipo de investigaciones.
Simultáneamente, el OBD publicaba otro documento solicitando que los embriones
excluidos de un proyecto reproductivo pudieran emplearse para obtener células
madre embrionarias.
Más adelante, desde estas páginas se animó a los enfermos a constituirse en
grupo de presión para que el ministerio accediese a la investigación con
embriones. Meses después, la
Federación de Diabéticos entregaba al Defensor del Pueblo 1,5
millones de firmas apoyando la solicitud. La nueva ministra de Sanidad mostró
un talante más abierto y se ofreció a discutir el tema. Finalmente, el Comité
Asesor de Ética del Ministerio de Ciencia y Tecnología abordó el problema a
fondo, y ahora nos ha sorprendido con una propuesta que, con sus limitaciones,
es un paso, si bien tímido, en el buen camino.
El uso de embriones para la investigación presenta aspectos de gran interés. El
más conocido es el que hace referencia a la obtención de células madre para el
tratamiento de enfermedades como la diabetes, el Parkinson o los infartos de
miocardio. Pero, mientras que para el tratamiento de la diabetes con células
capaces de producir insulina el material más idóneo son las células
embrionarias del blastocisto (quinto día después de la fecundación), en el
Parkinson los expertos prefieren las neuronas de fetos (obviamente abortados),
y en el infarto de miocardio pueden movilizar células madre del propio cuerpo adulto
para regenerar los tejidos dañados. Es decir, cada situación debe tratarse de
la forma más adecuada e idónea.
La propuesta del Comité de Ética recoge estos aspectos y, muy correctamente,
insta a desarrollar la investigación con células madre embrionarias y con
células adultas. Otro aspecto destacable es que prohíbe la clonación
terapéutica, pero sólo por motivos científicos; es decir, en tanto que las
técnicas de clonación son aún muy deficientes. Y plantea exigencias y
limitaciones en principio lógicas: consentimiento informado de los donantes,
investigación proporcional, con finalidades biomédicas y autorizada. La
propuesta de que los protocolos sean aprobados por un comité nacional
permitiría cortar ciertos abusos en la aplicación clínica de estas técnicas.
Sin embargo, hay en el documento aspectos poco convincentes. En primero lugar,
se recomienda el uso de embriones sólo como mal menor (evitar su destrucción),
en lugar de hacerlo como símbolo de esperanza (tratamiento de enfermedades
graves, crónicas y crueles). La recomendación se hace en función del
"presunto efecto negativo de la congelación prolongada", lo que
sugiere que el comité recomienda emplear embriones "negativamente
afectados". Afortunadamente, el progreso de las técnicas de congelación
permite esperar que estos embriones caducados estén en perfectas condiciones.
Segundo, se autoriza el uso de embriones criopreservados transcurridos los
cinco años que marca la ley. Esta recomendación atenta a la autonomía de las
personas que, una vez satisfechas sus necesidades reproductivas, podrían
decidir donar sus embriones para la investigación de forma inmediata y se ven
obligadas a mantenerlos hasta cuatro años más. Y, finalmente, preocupa que ante
una recomendación casi unánime del Comité de Ética, el ministro haya recordado
en dos ocasiones que sus conclusiones no son vinculantes, obviedad que extiende
las sombras de la duda sobre la indudable buena intención del comité.