FUMAR MARIHUANA ¿IMPORTA UN PITO?
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Es la droga ilegal más consumida a nivel mundial. En Chile
una de cada cinco personas la ha probado. Es de tan fácil acceso que incluso
es posible conseguirla sin plata. Goza de una increíble aceptación social y a
viva voz se transmite que es inofensiva. Sin embargo, distintos testimonios
hablan de lo contrario y en su lucha contra ella saben con certeza que es
adictiva, que destruyó muchos de sus proyectos, que literalmente congeló sus
sentimientos y que al desconectarlos de su realidad los transformó en
personas apáticas e irresponsables. Además, médicos expertos en la materia
demuestran que no es inocua para la salud y que sus efectos son fácilmente
confundibles con las señales de estrés o con las características propias de
la adolescencia, la hacen aún más peligrosa.
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Magdalena Pulido S.
Asesoría: Dr. Daniel Seijas, psiquiatra, director Centro
Educa, y Dr. Alejandro Fernández, psiquiatra.
40% de
los fumadores de marihuana se hace dependiente a ella.
Fue en los años 60 cuando
la marihuana se transformó en un símbolo. El movimiento hippie se levantó en
pro de la paz y una nueva filosofía de vida: “no pasa nada, todo bien, haz lo
que quieras”, puso a esta droga en el centro de toda actividad. Se pensaba que
ella venía a “resolver” los problemas del mundo y esa misma imagen junto a
figuras íconos y música legendaria de la época es la que llega hasta hoy. Lo grave
es que Bob Marley y el reggae se transmiten intactos, pero la marihuana en la
actualidad no es la misma, y si antes era dañina hoy es infinitamente más
peligrosa.
La razón es que el 97% de la oferta chilena proviene de Paraguay. En ese país
la hierba se comprime, lo que aumenta considerablemente la concentración de su
agente químico más nocivo, el THC. Además, como “hay que hacerla rendir”, se
vende mezclada con pasta base, empastado de muralla o hasta bosta de caballo,
lo que la hace más tóxica. También se ofrece nevada, es decir, espolvoreada con
cocaína, lo que eleva enormemente la posibilidad de generar dependencia.
Aquí distintos testimonios
hablan de cómo la marihuana les afectó:
“Frenó mis capacidades”
A los 16 años
Francisco probó su primer pito. Fue agradable y reservó ese placer para los
fines de semana. Años más tarde el consumo se hizo diario e incontrolable. “Me
encantaba estar volado, quería consumir todo el rato y no podía dejar de
hacerlo”. Casado, con dos hijos llegó incluso a comprar marihuana a una
población con su guagua en brazos. A los 33, tales irresponsabilidades y una
cadena de problemas lo llevaron a consultar a un especialista. El resultado del
diagnóstico fue decisivo. Test y exámenes al cerebro determinaron que la
marihuana lo estaba haciendo funcionar con sólo el 50% de sus capacidades. “Eso
me importó mucho. Yo quería surgir y en realidad caí en la cuenta que, en
parte, por la marihuana no había podido terminar ninguna carrera, que
había sido muy dejado en mis trabajos, que me costaba rendir y que incluso
teniendo destacadas habilidades para desarrollarme en el fútbol profesional no
había podido hacerlo porque también estaban afectadas mis condiciones físicas.
Con marihuana en el cuerpo se me apretaba mucho el pecho y tosía demasiado.
Ahora que llevo meses de abstinencia me doy cuenta del cambio, siento que se
destaparon mis poros, tengo sensaciones, motivación y capacidad de
concentración. Antes todo estaba adormecido, distorsionado y lleno de humo. La
marihuana me hizo perder mucho tiempo y paralizó mis habilidades”.
“Enfrió mis
sentimientos”
La historia de
Carolina empieza a los 14 años cuando en un verano se hizo fanática de la
cerveza. Sus “degustaciones” alcohólicas no tuvieron fin y el exceso pronto fue
acompañado por la marihuana. “Me reía tanto que lo pasaba increíble”. Con esos
gustos de a poco fue cambiando su grupo de amigos: “Ya no me juntaba con los de
toda la vida a conversar de mí, de mi familia, de mis cosas. Con mi nuevo grupo
yo sólo consumía”. Este ambiente y la adicción a la marihuna produjeron un
fuerte cambio en su personalidad. “De ser alegre y simpática me transformé en
una persona fría, no me importaba mi familia ni nadie. Yo era el centro del
mundo, me sentía la más bacán y totalmente omnipotente. El resto, la
preocupación por los demás, el cuidado de las relaciones me daba lo mismo”. Su
frialdad llegó a tal extremo que hubo un momento en que ni siquiera intentaba
ocultar que estaba volada, “no me importaba hacerle daño a mi familia”. Después
de dos años de difícil rehabilitación y casi otros dos con una chaperona
las 24 horas del día, Carolina está feliz: “Volví a ser yo de nuevo. Soy una
persona viva, alegre, llena de amigas, que disfruto de mi casa y de mi familia.
Ahora tengo metas, tengo proyectos y lucho por cumplirlos”.
“Me desconectó de la
realidad”
Los papás de
Mauricio se estaban separando. Él se sentía solo, quería evadir la realidad y
lograr por un rato estar alegre. Entonces la oferta de marihuana que le hizo un
compañero de universidad le vino como anillo al dedo. Sus primeras piteadas le
hicieron transportarse a otra realidad donde veía, escuchaba y sentía de otra
manera, como en otra dimensión. Mantuvo el consumo con cierta periodicidad,
pero pronto, para alcanzar la misma sensación de placer y hacerla durar más,
cayó en un terrible círculo vicioso. Ha intentado dejar la droga y por eso
inició un tratamiento de rehabilitación, pero aún no se siente libre pues ha
recaído dos veces. Sin embargo, ahora está consciente de que en la vida hay problemas
y que hay que afrontarlos. “No se puede pretender estar alegre todo el tiempo o
estar siempre fuera del mundo y sus problemas. Ahora intento buscar soluciones
por otro lado, conversando con mis amigos o llorando. Y lo mejor de todo es
estar consciente de lo que hago y de lo que vivo las 24 horas del día, sin
dolor de cabeza y sin esa angustia horrorosa que tenía al despertarme”.
“Me llevó a la cocaína”
“Desde chico fui
impulsivo. Pocas cosas me producían temor y pensaba que todo podía controlarlo.
Probé la marihuana a los 16 años y para mí fue verdadero placer envasado. Con
ella tocaba, olía y sentía de una manera superior. En cuarto medio consumía
varias veces en la semana y como pensaba que la controlaba y no me hacía nada,
quise probar nuevas sensaciones. Entonces jalé coca. Con ella sentí un poder
mental increíble, una capacidad de entenderlo todo, de pensar y resolver muy
bien los problemas. Fue la transformación a un “súperhombre” que me ayudó sobre
todo en la pega. Partí con un poquito en la mañana y un poquito en la tarde.
Al cabo de un año estaba jalando todo el día. Ya nada me producía placer, ni
comer, ni tomar agua… sólo la droga. Perdí 25 kilos, no llegaba nunca a mi
casa, mi señora me abandonó, mi plata se esfumó, le robé a mis clientes. Tuve
efectos de intoxicación, parálisis y convulsiones. Me convertí en un verdadero
harapo humano. Y todo partió por un pito a los 16 años”.
LA MARIHUANA Y SUS EFECTOS
Nombres: Pito,
cuete, huiro.
Aspecto: Hojas secas pequeñas.
Qué es: La marihuana se prepara a partir de las hojas secas, flores y
pequeños tallos de la planta Cannabis Sativa, de la familia del cáñamo. Posee
más de 400 agentes químicos, entre ellos el THC, el más dañino y mayor
responsable de alterar el funcionamiento mental de la persona. La cantidad de
THC varía según el tipo de clima y la calidad de la tierra donde se cultivó la
planta.
Qué sucede: Al fumar un pito de marihuana se
inhalan sus constituyentes, de los cuáles el 50% pasa a los pulmones, luego a
la sangre y por el torrente sanguíneo se distribuyen en todo el organismo.
Sensaciones: Lleva a un estado muy placentero, de alivio y relajo, donde
la vida se ve a una velocidad distinta, a veces con fenómenos alucinatorios.
Cuando pasa su efecto, la persona experimenta un gran desánimo y ganas de no
hacer nada.
Efectos inmediatos:
> Ojos enrojecidos y muy pequeños, como si estuviera mirando el sol.
> Dificultad para articular las palabras, como si tuviera la boca seca.
> Falta de concentración.
> Pulso tembloroso, movimientos torpes (choca con las murallas).
> Risas sin motivo y la utilización de ideas incoherentes al hablar.
Efectos a largo plazo:
> Nuevos amigos que se transforman en una incógnita.
> Llamadas y salidas misteriosas.
> Cambio en los hábitos alimenticios. Se hacen comunes los atracones de
comida.
> Exceso de sueño e insomnio. Mucha sensación de fatiga.
> Crisis de pánico y ansiedad.
> Desinterés para participar en actividades familiares y deportivas.
> Descuido de la apariencia personal.
La
marihuana se vende mezclada con raspado de pintura, bosta de caballo o
cocaína.
DAÑOS EN EL CUERPO
Cerebro:
> La marihuana
afecta al circuito de la “recompensa o el placer” ubicado en el cerebro. Por
este circuito el hombre come, toma agua y se reproduce. Con la droga las
neuronas ahí presentes sufren una transformación química que las lleva a
obtener placer con la droga, de manera que a nivel orgánico esta conducta se
refuerza, pues el cuerpo la necesita. Es el paso a la adicción.
> Los componentes de la marihuana también se concentran en el Hipocampo lo
que trae interferencias en la memoria y las funciones cognitivas.
Pulmones:
> El humo de la marihuana puede provocar bronquitis, asma, sinusitis y
cáncer pulmonar.
Capacidad motora:
> La marihuana afecta los centros del movimiento, ubicados en el
cerebelo, lo que produce descoordinación y pérdida del equilibrio.
Reflejos:
> La marihuana puede permanecer en el cuerpo por 15 días y hasta seis
semanas. Por ese período los reflejos están afectados y aumenta
considerablemente la posibilidad de un accidente de tránsito.
Aparato reproductor:
> En los hombres la marihuana disminuye la producción de espermios y en
las mujeres altera la ovulación.
> Inhibe el deseo y la potencia sexual.
Fumar
tres pitos causa el mismo daño a los pulmones que fumar 20 cigarros.
La marihuana, un daño
silencioso
Puede ser un
fumador ocasional, simplemente social de esos que lo hacen “sólo los fines de
semana o en las fiestas”. Pero los efectos de la marihuana, tanto físicos
como aquellos que tienen que ver con la apatía, fatiga, desmotivación y
falta de concentración, no perdonan, y comienzan a operar con el primer
consumo.
El problema es que esos efectos son fácilmente confundibles con las señales de
estrés o con las características propias de la adolescencia, lo que hacen de la
marihuana una droga aún más peligrosa. Pues quien la consume o quienes rodean
al consumidor no atribuyen la apatía o el desgano a la hierba, sino a lo “dura
que es la vida” o a la edad “del pavo”. Por lo mismo asumir que hace daño
cuesta, su pesquisa es extremadamente difícil y, peor todavía, el afectado
busca salir de su estado con más marihuana. Terrible y silencioso círculo
vicioso.
Al respecto el doctor
Alejandro Fernández responde:
¿Todos reciben de igual manera una dosis de marihuana?
- No, la sensación varía según las expectativas de la persona, la dosis y
la “calidad” del pito. También influye mucho si ha sabido aspirarlo. Los
entendidos inhalan profundamente el humo sin filtrar y lo retienen en los
pulmones el máximo de tiempo posible. Quienes lo gozan son el grupo de más alto
riesgo para hacerse dependientes. Pero antes de probarlo no hay cómo
diferenciar quién sí y quién no será capaz de dejarlo.
¿Desde cuándo se
producen los daños?
- El daño se
gatilla desde el primer día que se usa la sustancia. Desde el primer momento es
posible detectar una merma en el funcionamiento cerebral, que hace que la
persona funcione con un ritmo inferior. En el corto plazo se ven afectadas sus
relaciones interpersonales y van teniendo poca capacidad para involucrarse en
su familia, en sus proyectos. En general, no se la juegan por nada.
¿Qué es conveniente
hacer cuando hay sospechas de consumo?
- Lo primero es
hablar clara y directamente sobre la sospecha con el afectado. Aquí es
fundamental mantener la serenidad, la firmeza y por sobre todo en familia
llegar a un acuerdo sobre los pasos a seguir y no bombardearlo con distintos
puntos de vista. Es esencial la consulta a un especialista que evalúe y
determine el tratamiento.
Si los
padres fuman...
por Daniel Seijas, psiquiatra especialista en adicciones.
La familia es la
primera organización de nuestra vida y en ella realizamos los primeros
aprendizajes. Ésta es fundamental en la internalización de comportamientos,
valores y normas. La relación que existe entre familia y salud es indiscutible.
Si en el hogar no se brinda un contexto que permita la ejercitación de las
responsabilidades, la toma de decisiones, los límites, el autocuidado, éste no
se constituye en un espacio apropiado para el desarrollo físico y espiritual de
un joven.
Hay dos tipos de factores familiares que de una u otra manera pueden potenciar
el consumo de sustancia en los hijos: los factores específicos y los no
específicos. Los primeros se refieren a una influencia directa de los padres
como son la exposición a drogas en una fase prenatal y el consumo y la
aceptación de sustancias por parte de ellos.
Los no específicos se refieren a la desestructuración familiar, exposición a
conflictos, altos niveles de estrés y patologías entre otros.
El uso de sustancias por parte de los padres puede contribuir a una disfunción
familiar que mantiene el consumo y favorece su incremento. Los estudios avalan
que mientras mayor es el número de miembros de la familia que use drogas, mayor
es el riesgo del uso de drogas en los niños.
La marihuana es una droga peligrosa para la salud y bienestar de cualquier
persona. Los niños y adolescemtes necesitan que sus padres les ayuden y guíen
en resolver problemas y tomar decisiones incluyendo la decisión de no usar
drogas. Necesitan escuchar que el consumo de marihuana significa un gran riesgo
que les puede perjudicar el resto de la vida y necesitan escucharlo de personas
en las cuales confían. No existe otro mensaje más fuerte que el ejemplo.
Cuando los jóvenes crecen en un lugar donde uno de los padres abusa de
sustancias, pueden desarrollar problemas de diversa índole como depresión,
ansiedad o problemas de desarrollo de destrezas.
El consumo de drogas en los padres implica el mensaje de que las drogas no
constituyen una amenaza y a la vez validan una postura frente a la vida en la
cual se buscan estados placenteros o evitación del displacer por sobre la
entrega de herramientas que permitan a nuestros hijos enfrentar aquellas
situaciones de dificultades propias de la vida.