CONFESION CON UN SACERDOTE
La práctica de la confesión nos llega por el ejemplo y las
instrucciones de Jesucristo, quién nos enseñó que la naturaleza humana
puede ser usada por Dios, como un instrumento de gracia y de perdón. El
dijo " Sepan entonces que el Hijo del Hombre tiene poder sobre la
tierra para perdonar los pecados ....." ( Mt 9:6; Mc 2:7-10; Lc
5:21-24 ). La palabra hebrea que usó, fué " ben Adam ", que
quiere decir " Hijo de Adan ". Esta era la manera hebrea de
decir " una persona humana ". Jesús fué glorificado en Su
Humanidad, puesto que por ella El nos redimió. El le transmitió esta
autoridad a los Apóstoles la noche de Pascua al decir " a quienes
ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus pecados,
queden atados". De esta manera le entregó a los Apóstoles el poder
de dar " Paz " ( v 21 ), que es nada menos que la
reconciliación del hombre con Dios.
El texto aclara como se debe efectuar la " Confesión ". El
representante de Cristo o sea el sacerdote, debe decidir si perdonar o
retener. El penitente debe confesar cada uno de los pecados mortales,
incluyendo todo lo que lo puede separar de Cristo. Si el sacerdote juzga
que hay arrepentimiento, debe darle la absolución, porque la Pasión de
nuestro Señor hizo mérito para cada pecador arrepentido. Solo si la
persona no muestra deseo de corrección, el sacerdote puede retener o sea
negarse a dar la absolución según (Mt 7:6) " no den las cosas
sagradas a los perros ".
De una manera o de otra, el Sacramento de la Penitencia ha estado en
práctica contínua en la Iglesia. Su existencia en todas las Iglesias del
primer Milenio, incluyendo a las separadas de Roma, muestran su
apostolicidad. La actual disciplina Católica de confesión secreta, se
origina temprano en la edad media aunque hay indicaciones de su uso en
épocas anteriores. Antes de esto, la confesión de los pecados
comprendía largas penitencias públicas para pecados graves como el
adulterio, el asesinato y la apostasía de la fe. Gracias a Dios es mucho
más fácil ahora. Lo importante era reconocer que los pecados graves son
una horrible ofensa a Dios, y por lo tanto deben ser poco frecuentes entre
los bautizados, aunque a veces no es así. En los siglos segundo y tercero
se discutió fuertemente sobre la posibilidad de recibir más de una vez
el Sacramento de la Penitencia, después del Bautismo. Los rigurosos como
Tertuliano abandonaron la Iglesia y su movimiento pasó a la historia. La
práctica del Sacramento hoy en día no fomenta el pecado, como ellos
pensaban. Todo lo contrario se requiere humildad para confesar los
pecados. Además trae mucha paz el oir las palabras del sacerdote que en
el nombre de Jesús dice " Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ". Es el deseo de Cristo
que oigamos esas palabras.
Aunque Dios puede perdonar los pecados directamente, esto requiere un
motivo perfecto o sea amor a Dios y lamento por haber ofendido a un Dios
tan bueno. Una motivación imperfecta sería, que no nos hemos arrepentido
totalmente del pecado y regresado a Dios. No todos pueden estar a la
altura del momento, así que en vez de excluir a la persona que está
luchando con el pecado quizás por toda la vida, Cristo nos ha dado un
Sacramento en el cual, El nos levanta aunque nuestro arrepentimiento sea
débil e imperfecto. Esto muestra la dependencia del Sacramento de la
gracia y la misericordia de Dios. Como dijo Jesús mismo, no he venido a
salvar a los justos sino a los pecadores.
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Respuesta de : Colin B. Donovan, STL