|
|
Este señor es un DBA Oracle que es catolico, por lo tanto cree
en el Credo de Nicea, cree en la sucesion apostolica y en el
papado de Pedro en Roma.
OCP8i, estudia para OCP10g.
MCT, Microsoft Certified Trainer
Ha realizado clases en New Horizons, IT Training y hace consultoria
en variadas empresas de Chile y el extranjero.
---
This gentleman is a DBA Oracle that is a catholic member,
therefore believes in the Creed of Nicea, believes in the
apostholican succession and the Papaid one (and only) of Peter
in Rome. OCP8i, studies for OCP10g. MCT, Microsoft Certified Trainer has made classes in New Horizons, IT Training and does
consulting in varied companies of Chile and the foreigner.
|
|
|
|
Cartas del diablo a su sobrino
CARTAS
DEL DIABLO A SU SOBRINO
C.S. Lewis
Rialp, Madrid, 1998
Del
conocido libro de C. S. Lewis Cartas del Diablo a su Sobrino, publicamos
la Carta I, por especial gentileza de Ediciones Rialp
Carta primera
Mi querido Orugario:
Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu
paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero
¿no estarás pecando de ingenuo? Parece como si creyeses que los razonamientos
son el mejor medio de librarle de las garras del Enemigo. Si hubiese vivido
hace unos (pocos) siglos, es posible que sí: en aquella época, los hombres todavía
sabían bastante bien cuándo estaba probada una cosa y cuándo no lo estaba; y
una vez demostrada, la creían de verdad; todavía unían el pensamiento a la acción,
y estaban dispuestos a cambiar su modo de vida como consecuencia de una cadena
de razonamientos. Pero ahora, con las revistas semanales y otras armas semejantes,
hemos cambiado mucho todo eso. Tu hombre se ha acostumbrado, desde que era un
muchacho, a tener dentro de su cabeza, bailoteando juntas, una docena de filosofías
incompatibles. Ahora no piensa, ante todo, si las doctrinas son «ciertas» o
«falsas», sino «académicas» o «prácticas», «superadas» o «actuales», «convencionales»
o «implacables». La jerga, no la argumentación, es tu mejor aliado en la labor
de mantenerle apartado de la Iglesia. ¡No pierdas el tiempo tratando de hacerle
creer que el materialismo es la verdad! Hazle pensar que es poderoso, o sobrio,
o valiente; que es la filosofía del futuro. Eso es lo que le importa.
La pega de los razonamientos consiste en que trasladan la lucha
al campo propio del Enemigo: también Él puede argumentar, mientras que, en el
tipo de propaganda realmente práctica que te sugiero, ha demostrado durante
siglos estar muy por debajo de Nuestro Padre de las Profundidades. El mero hecho
de razonar despeja la mente del paciente, y, una vez despierta su razón, ¿quién
puede prever el resultado? Incluso si una determinada línea de pensamiento se
puede retorcer hasta que acabe por favorecernos, te encontrarás con que has
estado reforzando en tu paciente la funesta costumbre de ocuparse de cuestiones
generales y de dejar de atender exclusivamente al flujo de sus experiencias
sensoriales inmediatas. Tu trabajo consiste en fijar su atención en este flujo.
Enséñale a llamarlo «vida real», y no le dejes preguntarse qué entiende por
«real».
Recuerda que no es, como tú, un espíritu puro. Al no haber sido
nunca un ser humano (¡oh, esa abominable ventaja del Enemigo!), no te puedes
hacer idea de hasta qué punto son esclavos de lo ordinario. Tuve una vez un
paciente, ateo convencido, que solía leer en la Biblioteca del Museo Británico.
Un día, mientras estaba leyendo, vi que sus pensamientos empezaban a tomar el
mal camino. EI Enemigo estuvo a su lado al instante, por supuesto, y antes de
saber a ciencia cierta dónde estaba, vi que mi labor de veinte años empezaba
a tambalearse. Si llego a perder la cabeza, y empiezo a tratar de defenderme
con razonamientos, hubiese estado perdido, pero no fui tan necio. Dirigí mi
ataque, inmediatamente, a aquella parte del hombre que había llegado a controlar
mejor, y le sugerí que ya era hora de comer. Presumiblemente - ¿sabes que nunca
se puede oír exactamente lo que les dice? -, el Enemigo contraatacó diciendo
que aquello era mucho más importante que la comida; por lo menos, creo que ésa
debía ser la línea de Su argumentación, porque cuando yo dije: «Exacto: de hecho,
demasiado importante como para abordarlo a última hora de la mañana», la cara
del paciente se iluminó perceptiblemente, y cuando pude agregar: «Mucho mejor
volver después del almuerzo, y estudiarlo a fondo, con la mente despejada»,
iba ya camino de la puerta. Una vez en la calle, la batalla estaba ganada: le
hice ver un vendedor de periódicos que anunciaba la edición del mediodía, y
un autobús número 73 que pasaba por allí, y antes de que hubiese llegado al
pie de la escalinata, ya le había inculcado la convicción indestructible de
que, a pesar de cualquier idea rara que pudiera pasársele por la cabeza a un
hombre encerrado a solas con sus libros, una sana dosis de «vida real» (con
lo que se refería al autobús y al vendedor de periódicos) era suficiente para
demostrar que «ese tipo de cosas» no pueden ser verdad. Sabía que se había salvado
por los pelos, y años después solía hablar de «ese confuso sentido de la realidad
que es la última protección contra las aberraciones de la mera lógica». Ahora
está a salvo, en la casa de Nuestro Padre.
¿Empiezas a coger la idea? Gracias a ciertos procesos que pusimos
en marcha en su interior hace siglos, les resulta totalmente imposible creer
en lo extraordinario mientras tienen algo conocido a la vista. No dejes de insistir
acerca de la normalidad de las cosas. Sobre todo, no intentes utilizar la ciencia
(quiero decir, las ciencias de verdad) como defensa contra el Cristianismo,
porque, con toda seguridad, le incitarán a pensar en realidades que no puede
tocar ni ver. Se han dado casos lamentables entre los físicos modernos. Y si
ha de juguetear con las ciencias, que se limite a la economía y la sociología;
no le dejes alejarse de la invaluable «vida real». Pero lo mejor es no dejarle
leer libros científicos, sino darle la sensación general de que sabe todo, y
que todo lo que haya pescado en conversaciones o lecturas es «el resultado de
las últimas investigaciones». Acuérdate de que estás ahí para embarullarle;
por cómo habláis algunos demonios jóvenes, cualquiera creería que nuestro trabajo
consiste en enseñar.
Tu
cariñoso tío,
ESCRUTOPO
|
|
|
|