El cristianismo está en su plenitud

Un
pequeño grupo de judíos está en el germen del cristianismo, un
movimiento que surgió en Palestina hace 2.000 años y acabó conquistando
la Roma de los césares. Dos milenios después, el libro más vendido gira
en torno a Jesús y su hipotética descendencia, y hallazgos como el del Evangelio de Judas
protagonizan portadas de periódicos y documentales de televisión. El
origen de un movimiento social y religioso que cambió el curso de la
Historia está de moda. ¿Qué hay de cierto y de fantasía en la imagen
popular que hoy hay de Jesús, sus discípulos, las primeras comunidades
cristianas y el nacimiento de la Iglesia?
"Proliferan las reconstrucciones de los
orígenes del cristianismo muy poco científicas e incluso llenas de
supercherías", sentencia Rafael Aguirre, profesor de Nuevo Testamento
de la Universidad de Deusto y director del curso de posgrado Orígenes del cristianismo. Así, las falsedades que más han arraigado gracias a El código Da Vinci, el superventas de Dan Brown,
afectan a María Magdalena y su matrimonio secreto con Jesús, y a la
forma en la que se estableció el canon bíblico. Según el novelista
estadounidense, Jesús y María Magdalena fundaron un linaje que habría
llegado hasta nuestros días, y quien decidió los libros que componen el
Nuevo Testamento fue el emperador Constantino (272-337).
Disparate, mito y realidad
No hay ninguna prueba de que Jesús se
casara, ni de que tuviera hijos, ni de que haya habido una conspiración
secular para ocultar todo eso. "Si vas ahora a una librería, puedes
encontrar una docena de novelas sobre María Magdalena que no tienen el
más mínimo fundamento histórico", indica Aguirre. Los expertos tienen
claro dónde está la barrera entre ficción y realidad. Los evangelios
destacan el relevante papel de María Magdalena entre los discípulos, y
hay grupos de cristianos primitivos que reivindican su figura; pero de
ahí a lo que sostienen Brown y otros media un abismo. Decir que Jesús
se casó con María Magdalena y que tuvieron descendencia es un disparate
histórico.
Y el fenómeno se repite cuando Brown
atribuye a Constantino el canon del Nuevo Testamento. "El proceso
mediante el cual las comunidades cristianas reconocieron algunos libros
como normativos fue algo paulatino, no producto de una decisión
autoritaria. Acabó hacia finales del siglo II. Se trató de una
selección natural en la que se aceptaron unos textos con un criterio
muy amplio y otros fueron desechados, lo que no quiere decir que se
consideraran heréticos", puntualiza Aguirre. Frente a los textos
gnósticos -"llenos de elucubraciones, reflejo de una mentalidad más
elitista y esotérica"-, se imponen otros, «más cercanos al pueblo y a
la historia», que son los que acaban conformando el canon.
Los orígenes del cristianismo tuvieron muy
poco que ver con el relato bíblico. "En los Hechos de los Apóstoles, se
nos presenta una situación ideal, paradisiaca, de la primera comunidad
cristiana. Se trata de una visión simplificada y mitificada -sentencia
Aguirre-. Todos los grupos sociales tienden a mitificar sus orígenes.
El estudio crítico de los orígenes supone un gran reto porque destruye
una visión ingenua y descubre que las cosas fueron más complejas y
difíciles, y el proceso largo y traumático. Para el creyente, esto
exige una maduración en la fe". Conlleva asumir que en la Biblia no se
encuentra ante textos "rigurosamente históricos, sino que tienen otra
intención teológica, y que hay que usarlos con una serie de cautelas
críticas e históricas". Supone admitir que Jesús se dirigió siempre al
pueblo Israel y no pretendió fundar una institución religiosa aparte.
El cristianismo surge en una Palestina
donde otros predicadores y profetas han sido ajusticiados por Roma, y
acaba imponiéndose. "Los seguidores de Jesús reivindican su causa e
incluso su persona, y el movimiento traspasa pronto las fronteras
étnicas del pueblo de Israel y se abre a la universalidad. A mediados
del siglo IV, es cristiano ya el 50% de la población del Imperio".
¿Cómo se explica esa expansión? "El factor decisivo para un desarrollo
tan rápido fue que las comunidades cristianas ofrecían ayuda a la
gente, identidad dentro del marasmo que reinaba en el Imperio y
protagonismo a sectores marginados, como las mujeres", sostiene
Aguirre. Mientras en Roma con frecuencia se abandonaba o sacrificaba a
las niñas cuando nacían, las primeras comunidades cristianas acogieron
a las mujeres «con respeto» y éstas tuvieron un protagonismo "muy
fuerte" que perderían después dentro de la Iglesia. La mujer -ya Jesús
había tenido, a diferencia de otros profetas, un grupo de seguidoras- y
el auxilio que los cristianos prestaron a los enfermos durante las
grandes epidemias que asolaron el Imperio fueron factores decisivos en
la expansión del movimiento, mantiene el historiador.
Movimiento muy plural
Son
elementos externos al credo los que favorecen su arraigo su arraigo.
"El cristianismo no avanza fundamentalmente al principio porque sus
ideas convenzan más que las de otros cultos -aunque también es verdad
que el comportamiento de los cristianos no se puede explicar al margen
de esas ideas-, sino por la atracción de un movimiento muy existencial.
La aceptación de las ideas viene después".
Los primeros cristianos no son un grupo
uniforme e impermeable, sino que había tantas líneas como escuelas de
predicadores. "Al principio -explica Aguirre-, existía una gran
pluralidad de grupos que reivindicaban la memoria de Jesús. Poco a
poco, hubo una línea que fue imponiéndose, en gran parte por su
flexibilidad y capacidad de adaptarse a las diferentes realidades". El
cristianismo primitivo fue el producto de un proceso histórico. "La
Gran Iglesia, la que surge a finales del siglo II, acoge diferencias
que están plasmadas en el canon, con el que la comunidad es consciente
de haberse separado sociológica y jurídicamente del judaísmo".
Dos milenios después, Europa discutió
apasionadamente sus raíces cristianas durante la redacción de su
frustrada Constitución. Pero ¿de qué cristianismo se hablaba, del
plural de los orígenes que acepta al diferente o de uno monolítico,
excluyente y cerrado? Aguirre cree que ésa es una de las claves que
condicionarán el futuro de la UE, por ejemplo, ya que Turquía no
tendría cabida en el segundo caso. "La unidad no es uniformidad",
sentencia.
Ciencia histórica contra fantasía e imaginación
Creyente o no, nadie puede dudar del interés que tiene el estudio
histórico de los orígenes del cristianismo y más en la actualidad,
cuando la pasión popular se ve confundida por fantasías novelescas e
imaginativos ensayos de autores sin escrúpulos. Un curso ofrece estos
días en la Universidad de Deusto, a quienes quieran, las herramientas
para adentrarse en la fundación de un movimiento religioso y social en
el que hoy participan 2.000 millones de personas en todo el mundo.
El posgrado, dirigido por Rafael Aguirre, está patrocinado por la Fundación Santa María
y el profesorado, compuesto por un grupo multidisciplinar de expertos
-arqueólogos, antropólogos, historiadores...- de las universidad de Salamanca, Comillas
y Deusto. "Se trata de algo muy innovador en una Facultad de Teología
porque es un curso histórico sobre el desarrollo de un movimiento
social y no sobre la historia de la teología", indica Aguirre, quien
aboga por un estudio interdisciplinar de los textos bíblicos en el que
cuenten las nuevas aportaciones de las ciencias sociales.
El curso Orígenes del cristianismo
-que comenzó el lunes de la semana pasada con veinticinco alumnos de
España y América- abordará este año el nacimiento y los primeros pasos
del movimiento y, en julio de 2007, el pluralismo y evolución del
cristianismo primitivo. Se ordena en dos ciclos presenciales de quince
días -a razón de ocho horas lectivas diarias-, en los que hay clases
magistrales, análisis de textos y trabajo en equipo. La obtención del
diploma exige, además, trabajos y lecturas previos y posteriores.