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Este señor es un DBA Oracle que es catolico, por lo tanto cree
en el Credo de Nicea, cree en la sucesion apostolica y en el
papado de Pedro en Roma.
OCP8i, estudia para OCP10g.
MCT, Microsoft Certified Trainer
Ha realizado clases en New Horizons, IT Training y hace consultoria
en variadas empresas de Chile y el extranjero.
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This gentleman is a DBA Oracle that is a catholic member,
therefore believes in the Creed of Nicea, believes in the
apostholican succession and the Papaid one (and only) of Peter
in Rome. OCP8i, studies for OCP10g. MCT, Microsoft Certified Trainer has made classes in New Horizons, IT Training and does
consulting in varied companies of Chile and the foreigner.
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El Opus Dei y la mortificacion corporal
El Opus Dei y la mortificación corporal
Como parte de la Iglesia Católica, el Opus Dei se adhiere a todas sus enseñanzas sobre penitencia y sacrificio.
Los cimientos de la enseñanza de la Iglesia sobre mortificación es el
hecho que Jesucristo, por amor a la humanidad, voluntariamente acepta
el sufrimiento y muerte (“su pasión”) como medio para redimir al mundo
del pecado. Los cristianos están llamados a emular el gran amor de
Jesús, y dentro de otras cosas, unirse a su sufrimiento redentor. Así,
los cristianos están llamados a “morir a sí mismos”.
La Iglesia manda ciertas mortificaciones – ayuno y abstinencia de carne
– como penitencia en Cuaresma. Algunas personas en la historia de la
Iglesia se han visto llamadas a hacer mayores sacrificios, tal como
ayuno frecuente o usar cilicio, o disciplinas, como puede verse en la
vida de muchos explícitamente reconocidos por la Iglesia como modelos
de santidad, por ejemplo, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Avila,
San Ignacio de Loyola, Santo Tomás Moro, San Francisco de Sales, San
Juan María Vianney, Santa Teresa de Lisieux, y Madre Teresa. En todo
caso, la práctica de la mortificación vivida en el Opus Dei da mayor
énfasis al sacrificio diario que a los grandes sacrificios, y no es
como lo muestra deformado y exagerado el Código Da Vinci.
Papa Juan Pablo II: “Lo que uno debe ver en estas formas de
penitencia, - las que, desafortunadamente, en nuestros tiempos no están
acostumbrados a ellas – son los motivos: el amor a Dios y la conversión
de los pecadores.” Carta a los Sacerdotes en el Jueves Santo, no. 11,
Marzo 16, 1986.
Nueva Enciclopedia Católica (2003): “Mortificación. La
deliberada reprensión que uno ejerce sobre impulsos naturales en orden
a hacerlos sujetos de aumento de la santificación mediante la
obediencia a la razón iluminada por la fe. Jesucristo requiere de estas
renuncias de cualquiera que desea seguirlo a Él (Lc 9.29). Y así, la
mortificación o lo que llama San Pablo la crucifixión de la carne con
sus vicios y concupiscencia (Gal. 5.24), ha llegado a distinguirse como
una marca de los seguidores de Cristo.
Todos los teólogos están de acuerdo que la mortificación es necesaria
para salvarse, porque no resistir las tres concupiscencias: el mundo,
la carne, y el demonio, nos llevarían a cometer graves pecados. Uno que
quiera salvar su alma debe, por lo menos, huir de la ocasión de pecado
mortal. En sí mismo, esta huida involucra alguna mortificación. Además
de estas mortificaciones reclamadas por la misma condición del hombre,
la iglesia, en vista de la repetida insistencia del Evangelio, impone
otras restricciones a los fieles, como por ejemplo, la obligación de
ayuno y abstinencia. Y a los que, por alguna razón estén dispensados de
estas reglas, se les aconseja su obligación de hacer alguna otra
mortificación en su lugar.
Aquellos que buscan avanzar en la perfección cristiana deben
mortificarse más que los creyentes comunes. Cristo hizo que el peso de
llevar la cruz sea el precio de ser su cercano seguidor (Lc. 14.33). De
tal manera, desde los primeros tiempos cristianos, muchos abrazaron la
vida de mortificación en imitación a la de su Señor. Los que alcanzan
gran santidad son movidos a ser como Él en Su sufrimiento. Pero debido
al peligro de una decepción al asumir grandes mortificaciones, se les
sugiere que se sometan a la aprobación de un director espiritual
acertado.
La Biblia (RSV): “Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame” (Jesús, Lc. 9.23).”
“Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi
carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su
cuerpo la Iglesia” (San Pablo, Col. 1:24).
Catecismo de la Iglesia Católica (1997): “Al unirnos nosotros
con su sacrificio (de Cristo) nosotros podemos hacer de nuestras vidas
un sacrificio a Dios” (n. 2100). “El camino de la perfección pasa por
la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual. El
progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conduce
gradualmente a vivir la paz y el gozo de las bienaventuranzas” (n.
2015).
Papa Pablo VI: “La verdadera penitencia, sin embargo, no puede
prescindir del ascetismo físico también...La necesidad de mortificar la
carne destaca claramente si uno considera la fragilidad de nuestra
naturaleza, en la que, desde el pecado de Adán, la carne y el espíritu
tienen deseos contrastados.
El ejercicio de la mortificación del cuerpo—lejos de cualquier forma de
estoicismo—no implica una condenación de la carne que el Hijo de Dios
decidió asumir. Por el contrario, la mortificación apunta a la
‘liberación’ del hombre. Apostolic Constitution Paenitemini, Febrero
17, 1966.
Bienaventurado Papa Juan XXIII: “Ningún Cristiano puede crecer
en perfección, y tampoco el Cristianismo puede crecer vigorosamente,
sino en base a la penitencia. Por esto es que en Nuestra Constitución
Apostólica proclamada oficialmente en el Concilio Vaticano II y
urgiendo a los fieles hacer una meritoria preparación para este gran
evento, mediante oración y otros actos virtuosos cristianos, nosotros
incluimos una advertencia a ellos para que no dejen pasar la práctica
de la mortificación voluntaria.”. Encíclica Paenitentiam Agere, Julio
1, 1962.
Jordan Aumann, O.P.: “Una de las más grandes maravillas de la
economía de la gracia divina es la intima solidaridad de todas las
gentes a través del Cuerpo Místico de Cristo. Dios acepta el
sufrimiento ofrecido a Él por un alma en gracia por la salvación de
otra alma o por pecadores en general. Es imposible poder medir el poder
de redención del sufrimiento ofrecido a la divina justicia con una fe
viva y ardiente amor a través de las llagas de Cristo. Cuando todo lo
demás falla, todavía hay un recurso por el sufrimiento para obtener la
salvación de un alma en pecado. El Cura de Ars [San Juan María Vianney]
dijo una vez a un sacerdote que se lamentaba de la frialdad de su grey
y la esterilidad de su celo: ¿Se ha prodigado en la predica? ¿Se ha
prodigado en la oración? ¿Se ha prodigado en ayuno? ¿Se ha
disciplinado? ¿Ha dormido sobre tablas? Hasta que no haya hecho estas
cosas no tiene derecho a quejarse.” Spiritual Theology (London: Sheed
and Ward, 1993), p. 172.
Para consolidar la descripción de la mortificación en el Código Da
Vinci ver los comentarios del Obispo Robert Morlino (Madison, WI) en el
Catholic Herald.
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