Invitado
por el Biobarómetro de la Universidad Católica de la Santísima
Concepción para participar en el seminario "Familia, Patrimonio de la
Humanidad", el abogado se presentó ante un Aula Magna abarrotada de
gente que llegó a Concepción de distintas partes del país, en su gran
mayoría jóvenes.
Con la misma fuerza con
que en su momento se enfrentó contra el mandatario español, hoy critica
a Michelle Bachelet y, sin pelos en la lengua, la acusa de ser
"defensora de la cultura de la muerte".
Iglesia en peligro
-En España se está viviendo un proceso de "laicización" similar al de
Francia. Se eliminó la religión de los colegios, se quitaron los
crucifijos y se criticó a los Reyes por su fe. ¿A qué se debe este
fenómeno?
-Se debe a la decisión y a la política de un gobierno que no solo es
irrespetuoso de las creencias de una buena parte de la sociedad
española, sino que ha tratado de imponer una ideología concreta del
laicismo militante: la ideología de la exclusión de la religión.
Entienden que es algo que perjudica al Estado y no algo que aporta a la
sociedad. El gobierno ha ignorado a parte de la sociedad que sigue
creyendo en Dios y que busca, quiere y desea una educación religiosa
para sus hijos.
-Algunos autores hablan de un proceso generalizado de descristianización de la cultura.
-En España el proceso de descristianización lleva unos 30 ó 40 años, al
mismo tiempo que supone una secularización que se refleja en los medios
de comunicación, en los partidos políticos, en las series que transmite
la televisión, en la cultura. Pero también se vislumbran algunas luces
muy positivas. Hay un resurgir de la participación ciudadana y de una
toma de conciencia de que todavía podemos reaccionar y que es posible
cambiar las cosas.
-¿De qué manera la eutanasia, el aborto y la píldora del día después
atentan contra la naturaleza antropológica del hombre?
-El hombre nace con una serie de derechos, como el derecho a la vida, a
constituirse libremente en familia y a educar a sus hijos. Y esos
derechos están siendo conculcados por parte de los poderosos. Los
mismos que hablan de libertad, tolerancia y derechos humanos,
paralelamente trasgreden esos derechos y perjudican a la familia y
hacen que la educación de nuestros hijos sea infinitamente más difícil,
porque es más duro transmitirles los valores en los que creemos.
-En España, en Europa -y ahora en Chile-, se ha ido imponiendo lo que
muchos denominan "progresismo". ¿Qué es y porqué ha asumido una bandera
de lucha tan evidente frente a valores más tradicionales?
-Nosotros creemos que quienes se denominan progresistas son los que
menos apuestan por el verdadero progreso de la sociedad. Apuestan por
el progreso de unos pocos, de los poderosos y ricos. En la medida en
que haya menos personas -porque promueve la esterilización, la píldora
o el aborto en los países del tercer mundo- esos países supondrán un
riesgo menor para la gente que ostenta el poder en países del primer
mundo. En la medida en que la gente vive obsesionada por el sexo o el
éxito profesional, esas mismas personas van a quedarse en su casa sin
molestar a los políticos. No se van a dar cuenta de lo que nos están
transmitiendo en los medios de comunicación, y se convertirán en meros
consumidores. Y desde luego, un político o un empresario va a preferir
tener a un consumidor que a un ciudadano activo que le esté pidiendo,
exigiendo, que le esté reclamando, que le esté molestando.
Influir en la historia
-En 2001, usted y dos amigos suben a internet la página "HazteOir.org".
¿Pensaron en algún momento el revuelo que causaría?
-Estábamos conscientes de ser agentes y sujetos de la historia, y que
teníamos la capacidad de influir en el curso de la historia. Eso es una
tarea apasionante: definir el futuro de la sociedad y la que van a
vivir nuestros propios hijos. Siempre hemos sido muy optimistas
respecto de que es posible influir. Es una tarea muy difícil, no cabe
duda, y de que es un trabajo a largo plazo. Puede que en 3 o 5 años
nuestra agenda sea muy limitada y la cultura de la muerte siga
avanzando, pero en 10 o 15 años nuestra voz será muy potente y
representativa de los españoles y chilenos, si ustedes se movilizan.
-¿Cree que Chile avanza en la misma dirección que España, considerando
que el gobierno está apoyando temas como la distribución de la píldora
del día después desde un punto de vista puramente sanitario?
-Sin duda. Chile no se puede sustraer a esa cultura de la muerte,
considerando que al asumir el poder, Michelle Bachelet anunció que iba
a implementar medidas similares a las del gobierno de Zapatero. Chile
no se puede mantener al margen de esa corriente mundial impuesta por la
ONU y por diversas organizaciones internacionales. La píldora del día
después no es más que un ejemplo de cómo se avanza en esa dirección.
Desde la sociedad civil se debe poner un límite al avance de esos
poderes. Es una tarea muy complicada, desigual, en que el poder lo
detentan los defensores de la cultura de la muerte. Pero nosotros
podemos y debemos alzar la voz.
-¿Con eso quiere decir que considera a Michelle Bachelet una defensora de la cultura de la muerte?
-Sin ninguna duda. Ella ha promovido diferentes medidas que confirman y
demuestran que apuesta por la cultura de la muerte. Ella cree que son
cuestiones sobre las cuales los chilenos no tienen una opinión clara y
que su implementación no la van a perjudicar electoralmente. Ella
pertenece a la rama más radical del socialismo, tal como Rodríguez
Zapatero.
-Pero por lo que oí en su exposición, la cultura de la muerte es algo
que trasciende al socialismo, y que involucra a la derecha también.
-La bandera cultural la lideró a lo largo del siglo XX la izquierda.
Pero actualmente, la derecha y muchos cristianos han asumido ese
discurso cultural un poco por complejos, por miedo o por pesimismo.
Pero al mismo tiempo, en España algunos socialistas están empezando a
promover algunas iniciativas pro-familia. Y eso, pienso, es en gran
parte gracias a que con las manifestaciones de 2004 demostramos que
somos muchos los que estábamos por la familia, y que somos capaces de
influir en las encuestas.
-Dentro de las críticas que se le hacen a la plataforma ciudadana
"HazteOir.org" está la de falta de tolerancia al tema de la
homosexualidad. Se les ha acusado de "homófobos", "lobby conservador" o
"ultracatólicos". ¿Cómo responden a esas críticas?
-Precisamente esos que hablan de tolerancia y libertad son los menos
tolerantes o lo más totalitarios a la hora de calificar las personas
que no opinan ni piensan como ellos. Nosotros defendemos que la
realidad del matrimonio heterosexual es diferente a las uniones
homosexuales, y aunque no critiquemos a las uniones homosexuales,
porque son una realidad que está ahí y que a nosotros nos parece
respetable, se nos acusa de homófobos, que es el gran insulto de esta
época, el más grave.
-Hay un movimiento gay que ha confeccionado una lista con aquellos que
ellos consideran los cinco mayores homófobos, entre los que colocan al
Papa Benedicto XVI.
-Precisamente esa campaña que organizó la Federación de Gays y
Lesbianas de España, la denunciamos ante el fiscal general de Estado
por plantear sentimientos de odio contra determinadas personas que
dicen que el matrimonio y las uniones homosexuales son diferentes. No
estamos diciendo que los gays y lesbianas no tienen derechos, sino que
estamos defendiendo los verdaderos derechos del colectivo homosexual.
Simplemente reafirmamos que esos derechos no pasan por destruir
jurídicamente el matrimonio o poner en riesgo el futuro psicológico de
los niños que pueden ser adoptados por parejas homosexuales.
-¿Por qué es tan importante asumir esta defensa de la familia? ¿Acaso la familia no puede defenderse sola?
-La familia fundada en el matrimonio es el futuro de la sociedad y de
la humanidad. En la medida que sea protegida y se respete la libertad
de educar a sus hijos, en la medida en que la sociedad facilite que los
esposos se quieran y desarrollen su labor, estaremos creando espacios
para que los niños de hoy y adultos del mañana desarrollen los valores
fundamentales, como son la generosidad, la solidaridad y la tolerancia.
Y por el contrario, en la medida que la familia lo tenga difícil, la
sociedad que construyamos tendrá bases débiles. Y ese no es el mundo
que yo quiero dejarle a mi hijo Ignacio.
Para saber más:
www.hazteoir.org
www.muevetechile.org
Fuente: www.revistarealidad.cl |