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Este señor es un DBA Oracle que es catolico, por lo tanto cree
en el Credo de Nicea, cree en la sucesion apostolica y en el
papado de Pedro en Roma.
OCP8i, estudia para OCP10g.
MCT, Microsoft Certified Trainer
Ha realizado clases en New Horizons, IT Training y hace consultoria
en variadas empresas de Chile y el extranjero.
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This gentleman is a DBA Oracle that is a catholic member,
therefore believes in the Creed of Nicea, believes in the
apostholican succession and the Papaid one (and only) of Peter
in Rome. OCP8i, studies for OCP10g. MCT, Microsoft Certified Trainer has made classes in New Horizons, IT Training and does
consulting in varied companies of Chile and the foreigner.
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La falsa religion materialista
| La
falsa religión materialista
1.
El Salmo 134, canto de tono pascual, nos es presentado por la Liturgia
de las Vísperas en dos pasajes distintos. Acabamos de escuchar
la segunda parte (Cf. versículos 13-21), sellada por el aleluya,
la exclamación de alabanza al Señor con la que había
comenzado el Salmo.
Después
de haber conmemorado en la primera parte del himno el acontecimiento
del Éxodo, corazón de la celebración pascual de
Israel, ahora el salmista pone en confrontación de manera incisiva
dos visiones religiosas diferentes. Por un lado, se presenta la figura
del Dios vivo y personal, que está en el centro de la auténtica
fe (Cf. versículos 13-14). Su presencia es eficaz y salvífica,
el Señor no es una realidad inmóvil y ausente, sino una
persona viva que «guía» a sus fieles, se «compadece»
de ellos, apoyándoles con la potencia de su amor.
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2.
Por otro lado aparece la idolatría (cf. versículos 15-18),
expresión de una religiosidad desviada y engañosa. De
hecho, el ídolo no es más que «hechura de manos
humanas», un producto de deseos humanos; es por tanto incapaz
de superar los límites de la criatura. Ciertamente tiene una
forma humana con boca, ojos, oídos, garganta, pero es inerte,
no tiene vida, como sucede precisamente con una estatua inanimada (Cf.
Salmo 113B,4-8).
El
destino de quien adora a estas realidades muertas es el de hacerse semejante
a ellas, impotente, frágil, inerte. En estos versículos
se representa claramente la eterna tentación del hombre de buscar
la salvación en la «obra de sus manos», poniendo
su esperanza en la riqueza, en el poder, en el éxito, en la materia.
Por desgracia, le sucede lo que ya describía eficazmente el profeta
Isaías: «A quien se apega a la ceniza, su corazón
engañado le extravía. No salvará su vida. Nunca
dirá: "¿Acaso lo que tengo en la mano es engañoso?"»
(Isaías 44, 20).
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3.
El salmo 134, tras esta meditación sobre la verdadera y la falsa
religión, sobre la fe genuina en el Señor del universo
y de la historia y sobre la idolatría concluye con una bendición
litúrgica (Cf. versículos 19-21), que presenta una serie
de figuras presentes en el culto realizado en el templo de Sión
(Cf. Salmo 113B, 9-13).
Desde
toda la comunidad reunida en el templo se eleva a Dios creador del universo
y salvador de su pueblo una bendición conjunta, expresada en
la diversidad de sus voces y en la humildad de a fe.
La
liturgia es el lugar privilegiado para la escucha de la Palabra divina
que hace presentes los actos salvíficos del Señor, pero
es también el ámbito desde el que se eleva la oración
comunitaria que celebra el amor divino. Dios y hombre se encuentran
en un abrazo de salvación, que encuentra su cumplimiento precisamente
en la celebración litúrgica.
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| 4.
Al comentar los versículos de este Salmo sobre los ídolos
y la semejanza que adquieren quienes confían en ellos (Cf. Salmo
134, 15-18), san Agustín observa: «De hecho, creedlo, hermanos,
se graba en ellos una cierta semejanza a sus ídolos: no en su cuerpo,
sino en su hombre interior. Tienen oídos, pero escuchan lo que
les grita Dios: "Quien tiene oídos para oír que escuche".
Tienen ojos, pero no ven: es decir los ojos del cuerpo, pero no los ojos
de la fe». Del mismo modo, «tienen nariz pero no perciben
el olor. No son capaces de percibir ese olor del que habla el apóstol:
somos el buen olor de Cristo en todo lugar (Cf. 2Corintios 2,15). ¿De
qué les sirve tener nariz, si con ella no pueden respirar el suave
perfume de Cristo?».
Es
verdad, reconoce Agustín, permanecen todavía personas
ligadas a la idolatría; «sin embargo, cada día hay
personas que, convencidas de los milagros de Cristo Señor, abrazan
la fe. Cada día se abren ojos a los ciegos y oídos a los
sordos, comienzan a respirar narices que antes estaban obturadas, se
sueltan las lenguas de los mudos, se consolidan las piernas de los paralíticos,
se estiran los pies de los cojos. De todas estas piedras surgen hijos
de Abraham (Cf. Mateo 3, 9). A todos estos, por tanto, hay que decirles:
"Casa de Israel, bendice al Señor"… ¡Bendecid
al Señor, vosotros, pueblos todos! Esto significa "Casa
de Israel". ¡Bendecidle, vosotros, prelados de la Iglesia!
Esto significa "Casa de Aarón". ¡Bendecidle,
ministros! Esto significa "Casa de Leví". Y, ¿qué
decir de las demás naciones? "Fieles del Señor, bendecid
al Señor"» («Commentario al Salmo 134, 24-25
–«Esposizione sul Salmo»– 134, 24-25: «Nuova
Biblioteca Agostiniana», XXVIII, Roma 1977, pp. 375.377).
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